viernes, 22 de septiembre de 2017

Hoy (variación)






En una servilleta de papel,
entre las páginas
tal vez ochenta seis
y ochenta y siete
de un libro de Juan Gelman,
hay un trozo de bar 
y otro de cielo
del pueblo mío, de la piedra
que labraron mis padres

y apresadas y prietas
tres palabras que escondo,
porque olviden
el desorden y el hambre,
el veneno preciso
del país donde entierran cuanto amo.


jueves, 14 de septiembre de 2017

Un poema de Santos Domínguez Ramos: Memoria herida y compás de Manolito de María

     


Hondo en su
inquietud, Santos Domínguez Ramos es cacereño y poeta. Amador de lo édito. Lector sin fatiga. Posee la enorme delicadeza de dejar constancia pública de sus lecturas. En sus blogs hay noticias, reseñas, críticas de cuanto le interesa, de cuanto desea compartir. Que es mucho. A veces abruma pensarle en el afán. Santos es un lugar donde acudir. Por el rigor, por el saber, por el acierto. Aljibe en donde miles sacian, saciamos, para estar al momento de novedades editoriales. Entregas que suelen aparecer en sus blogs antes que en las estanterías. Cacereño y poeta. Porque tras ese vendaval hacia lo externo, existe un poeta denso y sugerente. Un poeta que no se esconde tras el runrún de las publicaciones. Su poesía ha sido valorada, apreciada, en diversos certámenes: Manuel Alcántara, Ciudad de Badajoz, Juan Ramón Jiménez, entre tantos. Hace unos años los sevillanos de La Isla de Siltolá editaron La vida navegable una amplia antología de su obra. Es dueño del color en las palabras, sabe, y cómo, de la sonoridad de la lengua. Cualidad esta que se ahorma en el mimo y el rigor con los que construye. Conjunción que consigue hacer a sus poemas reconocibles y que reconozcamos la voz que los levanta. Poemas que se resuelven como espirales de águila sobre amplias consideraciones existenciales. Rodeando el enigma, en busca siempre del centro del conflicto. Miradas ciertas en un temblor de Naturaleza y Hombre al fondo. En escasas ocasiones se detienen en la anécdota, en la provocación inmediata. Aunque también. Como en este caso –de Principio de incertidumbre, premio Ciega de Manzanares– en que el recuerdo de algo auténtico, de la voz de un cantaor, hace surgir la surgir la suya. Tierna y pedernal.        

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Memoria herida y compás de Manolito de María

De la cueva profunda,
del encalado fondo de la cueva,
se alza a compás su voz menesterosa
con un torrente antiguo y subterráneo
que brota de la roca del castillo del Águila.

Y en la venta Platilla se afana humilde y llama
al fondo de sí mismo
y entona con un hondo compás atropellado
la soleá cabal, la seguiriya grave,
la bulería pausada y luminosa.

En los tercios que canta
–canta porque se acuerda–
respiran las edades pesarosas del hombre
y laten como laten los perros vagabundos
la historia desolada de la calamidad
y un mensaje extraño de dolor y alegría.

Oscura como el fondo de la cueva,
clara como su cante combustible,
vibra allí la memoria herida de la raza
–las fatiguitas negras, el desamparo, el hambre–
con un compás herido de fiesta y amargura.

De su voz desdentada
brota una antigua luz inextinguible
y en su hondo pellizco analfabeto
hay un temblor de sangre antepasada,
la memoria indigente de la especie.

Llama negra en la noche inhóspita del mundo,
rescoldo en la intemperie de las flores del fuego,
herencia de palabras de los desheredados.

No lo sabía y cantaba
el tizón del estrago,
la manera de ser de la desgracia
con esa contención delgada y seria
que no se aprende, que es
el mapa doloroso de sus venas antiguas
–Joaquín el de la Paula, Macandé, Juan Talega.

Porque eso no se aprende, eso se nace
–le decía a Mairena–

con él, primo, en la sangre.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Desmoronan



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Habitaciones mustias todo 
lo dicho y ya escuchado,
adobe su verdad

seco barro
y paja
que la lluvia, los cuerpos y su roce
desmoronan.

Me dijiste:
La verdad es la casa del hastío,
y adobe,
muro deleble,
estancias taciturnas
aquello que entre dos
pudiera ser explícito, lavado.

Entre nosotros –añadiste–
sólo lo inexplicable permanece.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Un poema de José Luis Torrego: ELIot, ELIot, LAMA SABACTANI?

   
   En la Casa del Libro, la que comienza, según asegura, a sentir como casa propia por la delicadeza con que tratan sus libros (mesas de visibilidad, escaparates…), presenta José Luis Torrego su Suzanne. Editado por Amargord es su tercera entrega poética. Antes existieron  Levantas los párpados y amanece (Vitruvio, 2012) y Piel disidente (Lastura, 2015, dos ediciones) a más de un excelente libro infantil, gran éxito de ventas, titulado El cerdito guarrete y algún amiguete (Lastura 2017).  José Luis es segoviano, filólogo, profesor, fotógrafo y poeta.

José Luis Torrego ante el espcparate de la Casa del Libro
de Gran Vía y la portada de Suzanne.
(De su perfil de FB)
        Si José Luis Morales, uno de sus poetas de referencia, dijo de él, en ocasión de Piel Disidente, que es poeta “ajeno al dramatismo extremo y seco de otros escritores heridos por una mirada vertical (por decirlo con  Roberto Juarroz), pero igualmente pensativo y próximo al pathos del desaliento” Y dueño de una “poética obsesionada y ciclotímica, tierna y lúcida, profundamente seria,  nunca ácida, a pesar del dolor que la ensoñación y la herida —conjugadas— rezuman”, Es difícil desprenderse de estas definitorias palabras cuando uno se enfrenta a la lectura de los poemas de Suznnne. Desolación y ternura como maneras de entender el mundo, de penetrarlo y de ofrecerse a su penetración. Pero en su Suzanne, referente personalizado de cuanto de aspiración noble y placentera tiene lo humano, y que sirve de interlocutor/a, hay algo más, algo que queremos dejar patente. Hay un salto cualitativo en su manera de construir poesía. Aquí desparecen las rígidas fronteras de timidez y tanteo que traspasaban los primeros poemarios. La desenvoltura en las formas, incluidas las topográficas, las constantes referencias lectoras y de génesis, su provocadora universalidad de intenciones, su fructífero culturalismo, la amplitud indagativa de un vocabulario comprometido con el tuétano del poema, la exigente falta de concesiones a lo establecido, quiero decir su decisión de rotura, de ir más allá de lo formal y ya labrado, la reconocible personalidad de un discurso teñido por la filosofía de la incerteza, y la hábil aplicación con que consigue que el fragmento y lo discusivo se alternen dialogando, lo sitúan entre las voces llaves de una generación.
A pesar de su tardía aparición en el paisaje poético hispano, José Luis Torrego, buen gestor iconográfico, golpea con precisión de voz y audacia la concurridísima mesa. Ojalá y la sosegada contundencia de su grito se escuche como debe. Por él no ha de quedar. Miércoles y 13, su presentación madrileña.     

      De Suzanne, un libro que en nuestra opinión debería haber aparecido en la Colección .C de Amargord, junto a Voces en off de su cercano Alejandro Céspedes, este poema.


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ELIot, ELIot, LAMA SABACTANI?

I

En nuestra mano ya no hay cartas
de navegación que preserven nuestra nave del escollo
sólo cartas al azar y boca arriba
de una torre de un ahorcado de un marino
fenicio que naufraga en un tarot
del Sternbergersee nobiliario y encrespado

a quién si acaso a alguien le importa?
                                            Madame Sosostris baraja indolente
sus naipes sin lustre pegajosos
por el uso y el poso sudoroso de los lustros
y los vahos que sedimentan el alcohol de los vencidos
en una pensión de Ginebra
en un lago de Ginebra
en un vaso de ginebra en un beso
marchitado de la reina Ginebra a Lanzarote
que se fue
de punta en rojo
rumbo a su lac, su lai, su loin


II

                                    Y el ahorcado del tarot reza

en la vasta extensión mínima entre muerte y nacimiento
ese instante respirado entre dos inexistencias
apenas si hay un sueño azul bajo tanto escollo a oscuras

una noche de jacintos oh doncella en el jardín de los amantes
y toda una vida luego en que te llamen la Chica de los Jacintos

la soledad se interna en un laberinto de arrugas como una detonación
                                    la soledad se interna
                                    en un laberinto de arrugas

                                    como una detonación

oh mi niña qué te he hecho? se lamenta Horacio
pobre niña dicen los poetas renacentistas del Carpe Diem
y los barrocos y los malditos y los visionarios ingleses de los muelles opiáceos

las palabras gastadas apuñalan unicornios si son nuevos los oídos
y ensangrientan azucenas que iniciaban su caricia


viernes, 1 de septiembre de 2017

Primer Consejo de Redacción (en plasma)





     Buen septiembre, bienvenidos, gracias por estar aquí. Parece que seguimos. El Jefe lo decidió ayer, jueves,31 de agosto. Hubo Consejo de Redacción por video conferencia (vulgo plasma). Quiere reorganizar el funcionamiento de Mientras la luz. Es una decisión quebrantable como todas las suyas. Oportuna, nos dice, hacen falta reformas. O cambiamos o perecemos. Patria o muerte que decían los liberales decimonónicos. Lo que sucede es que no sabe aún en qué dirección. Si mantener los nombres y cambiar las funciones o mantener las funciones y cambiar los nombres de las cosas. Dice que se ha tomado un mes, un año, un siglo en Torrevieja para pensar. Allí sigue, tumbado, donde tiene un tío registrador de la propiedad. Y leyendo a Karmelo para aprender la manera paisana de estar en los bares, y para luego contarlo de manera aparentemente ingeniosa. La redacción, mientras, es un alboroto. El botones Picodemonte escribe dazibaos y llena las paredes diciendo que quiere irse, redactar por su cuenta. Lo audaz y lo prudente es seguir juntos, le decimos. Y esperar. La poesía, le añadimos, es un país cultivado desde hace mucho, pero que sigue siendo fructífero para todos si se siguen ciertas reglas. He aquí algunas, una docena, que pueden evitar el batiburrillo. Son de un casi paisano nuestro, hijo de agricultores y enterrado en Calaceite. Tal vez ya supongan ustedes de quien se trata. No es poético decirlo todo.
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La poesía es un camino de ida, pero sin vuelta. Los que vuelven regresan de otra parte.

La poesía es como una piedra en medio del camino. El buen poeta tropieza con ella y cae. El mal poeta nos la tira a la cabeza.

Lo discursivo puede ser poético, siempre que el discurso pague los platos rotos.

Para ser capaz de decir algo, hay que renunciar a decirlo todo.

Algunos poetas parecemos ignorar a la décima musa: la que aconseja no escribir.

Quien no se admire de hablar y que le entiendan, no lea poesía.

Sólo quien es capaz de soledad puede convertir el agua en vino.

Antes de escribir, hay que aprender a no hacerlo. Los fundadores se retiraban durante años al desierto, no para meditar, sino para cumplir este aprendizaje.

El poeta grande no evita necesariamente los lugares comunes porque sabe usarlos con magnanimidad.

El exceso de sinceridad en la poesía, como en el trato, es un egoísmo y, en último término, una falta de educación.

Todo discurso sin zonas de oscuridad es convencional y carece de inspiración. Pero oscuridad, en este caso, no quiere decir falta de lucidez.

La poesía está hecha de lo que se dice, pero también de lo que se calla. Por eso, quien lo dice todo no es poeta. Quien lo calle todo, tampoco, pero resulta menos molesto.

lunes, 28 de agosto de 2017

Barcelona



 Hay un cuchillo herido
cerca de mí

hay un acero
tembloroso que busca residencia

anhela un sitio, dice,
donde poder llorar y ser llorado

hay un filo que busca
la parte izquierda de mi nombre

lleva días que ronda
lo que cree una muralla

al caer de la tarde le abriré
de par en par las puertas.


viernes, 28 de julio de 2017

Vicente Martín, cinco años



         Hoy, 28 de julio, hace cinco años que perdimos al hombre y al poeta que fue Vicente Martín. Amigo de esta casa, de este refugio que es Mientras la luz, queremos que un lustro después vuelva nuestro recuerdo, nuestro cariño, a su obra y al aroma de su compañía. Cinco años que su voz y su cuerpo quebraron para los aires y la luz, más no en nuestra memoria ni en la de aquellos que lo trataron, que lo leyeron, que supieron de su pasión por la palabra escrita. Sorprendente siempre en sus construcciones, en sus temas, en los recorridos por el alma del lenguaje, fue dueño de un surrealismo de hondo temblor humano. Fue también hacedor de casi imposibles soluciones para el poema. Su personalidad le hace reconocible en cualquier paisaje poético porque en su cercanía crecen las rosas y los mares limitan con los cielos. Él sabía que el mundo es sólo una metáfora a punto nacer, por hacer. Y lo contaba.

        Hace tres años apareció en Huerga y Fierro una muestra completa de su obra con el título Lo que de mí puedo contaros. Allí se guarda una muestra antológica de más de cien poemas, allí los últimos libros inéditos que de su archivo, y gracias  la colaboración familiar, pudimos recuperar.

        Hoy, para honrar, para servir su recuerdo, este poema.      


Quién eres tú que vienes de la orilla del frío y me preguntas
la edad de los cerezos,
quién eres tú que pronuncias mi nombre si no sabes
ni a qué distancia vivo de mí mismo
y cuando quiero hablarte te has perdido entre nubes viajeras,
¿acaso algo de mí,
yo mismo,
desde el subsuelo más hondo de mi carne te he llamado
porque el tiempo del agua ha concluido?

Quién eres tú que traes
la misma soledad con que yo lloro,
la misma voz, la misma
manera de cubrirte los ojos
cuando estalla una luz y no hay ventanas
que miren a lo eterno, quién eres tú
que atraviesas mi cuerpo y examinas mi sangre para ver
qué llevo escrito en ella.

¿No ves que ya no tengo las manos para amarte,
que estoy solo en el mundo y se me pueblan
los cabellos de mimbre?

¿No ves que estoy descalzo y no me llega
la ternura a los pies?

Puedo existir sin ti, ser yo sin ti, morir sin ti,
puedo escuchar el trino de los pájaros,
llorar con otros ojos,
amar con otras manos,
puedo
ser tú sin ti.

sábado, 8 de julio de 2017

Federico en Urueña: Quien dice sombra

      Las murallas de Urueña contemplaron la celebración. Vino Federico Gallego Ripoll a recoger el premio Villa del Libro, tan premioso en su hacer que han pasado dos años desde su convocatoria hasta su entrega, y lo trasformó en gozo. Aquello, lo que había sido previsto como trámite institucional, quebró. Y por las rendijas de la serena tarde castellana apareció la poesía, quiero decir Federico, para hacerse cargo de todo. Primero en el acto de entrega, con sus palabras de aceptación, pero sobre todo en la lectura al aire libre, al sol vencido, a la sorpresa caliza de junto a la muralla. 

      La voz, el potente matiz de la voz del poeta, hizo de su vuelo búsqueda. Nos recordó que siempre ha entendido la poesía como destino, como lugar de encuentro. El poeta de la mirada múltiple, el poeta proteico por su capacidad de ser lo que canta, el poeta atento al pájaro del instante leyó para todos. Y todos escuchábamos sin tiempo. Hasta el aplauso del temblor final. Salvo en el poema que dedica a su madre, recién desaparecida, en todos los demás su lectura estuvo acompañada por el susurro musical –celestial– de Suria Pombo y Raúl Balbuena. Dos músicos que supieron captar y servir, que jamás ocultaron las palabras. Los poemas de Quien dice sombra, tal es el título de libro de poemas editado en la colección Maravilla Concretas, se abren con la cita de Paul Celan "Dice verdad quien dice sombra". Federico encuentra la verdad tras cada sensación, tras cada negación de lo abstracto o lo concreto. O de la lógica. O de la narración. Sus textos se levantan en el sendero inestable que conduce desde lo visto a lo sentido. Es en ese camino de excitación donde su voz halla posada, donde su yo ve a los otros. Cada poema -no hay gritos- es una llamada. No es posible sentir solo, parecen exigirnos, es preciso compartir el misterio, lo inexplicable, lo que atrae e inquieta. Porque así se construye un poema en Federico: nace de lo cierto, de lo aparentemente cierto, para explorar lo que de enigma encierra la verdad, el pálpito inconcreto que conduce hacia los interrogantes. En pocas lecturas como en esta fue tan evidente. Federico no excava, ni siquiera escarba, tan solo araña la piel de su pronombre para hablar y escuchar a otros pronombres que siente próximos. No escribe para ser leído en años, en siglos futuros, sino ahora, ya. Convocando. Hay en él desprecio a la trascendencia, a lo grandilocuente, tanto como al coloquialismo. Hay en su decir, en su lenguaje una distancia perfecta entre poeta y lector,  pero sobre todo consigo mismo, con lo que pide y espera de su mirada. El árbol, la luz, las aves, los ruidos… con las cosas, entre tantas, que atento vigila, porque sabe que ahí sucederá. Y todo ocurre tan natural en su hacer, ocurría tan natural en su lectura, que Federico no nos parece entonces un poeta, sino un hombre desnudo a quien los alrededores visten.  Y él se deja porque desea contárnoslo. Todo esto sucedió, 5 de julio, en la lectura de Quien dice sombra. En Urueña de Valladolid. Junto a un sol vesperal, piadoso y ocre, por entre los milagros sonoros de Raúl y Suria, ante la escucha atenta de los paisanos, y con la amiga de poetas como Carlos Aganzo y Fermín Herrero. Estuvimos allí.

      Quiso el poeta cerrar el acto nombrando la reciente edición de Cardinales. Ocho poetas y con la lectura de cuatro de los poemas suyos que contiene.

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                                                (Frágil)

Es todo tan sencillo.
El mundo está al alcance de tu mano,
sólo existe lo que puedes tocar, gustar, oír…

(aunque también camines al borde de la espada,
el plomo o la cicuta).

La existencia depende del lugar:
yo recuerdo,
tú olvidas.

La frontera se rasga como una tela vieja.

***

                                                  (Rito)

Sólo los árboles me dan la mano,
ellos entienden mi danza.
En el claro del bosque, cuando la luna deletrea
nuestros nombres y nos da a beber
leche de vocales de lenguas ignotas,
vienen los árboles a mostrar su aura desnuda
y a cantar con nosotros
las antiguas cantigas de ausencia.

Son necesarias muchas vidas hasta volver en árbol.
Hay que olvidar todas las leyes,
el uso de todas las armas,
el camino de todas las fronteras.

Sólo entonces
puede ser que el alma del hombre
se haga alma de árbol.