domingo, 30 de noviembre de 2014

Un poema. Cuando por fin






Cuando por fin logré
que el poema que amabas
(que escribía)
quisiera terminarse,
sentí tu mano
quedamente gemir sobre mi espalda

y una suite para dos,
una sed para dos,
sonó en la almohada.

(De Plural de sed)

jueves, 27 de noviembre de 2014

La densidad de los martes


Los martes, desde que Rafael Montesinos colocara a su Tertulia Hispanoamericana en lugar de privilegio, fueron durante muchos años el día por excelencia de la poesía madrileña. Martes que aparecían siempre densos en ofertas, agresivos. En los últimos tiempos, los viernes han ido ganando terreno en las preferencias, pero donde esté un buen martes poético, como lo fue el pasado 25 de noviembre, que se quiten los viernes. Incluso el fútbol y los toros, que decían los castizos refiriéndose a las corridas. Cristina Cocca presentaba su nuevo libro, Rafael Soler anticipaba parte de su nueva obra y Enrique Gracia, encorbatado, leía en el Casino de Madrid. Mientras la luz llegó hasta donde pudieron sus medios, dijo el jefe con posterioridad. Como disculpa, seguro. 

Cristina

Buenos Aires 1958, apunte de M. Cocca
 Su padre fue pintor, su madre amaba la música. Ella es poeta. Siempre ha vivido rodeada por el color y el ritmo, envuelta por la palabra. La ilustración que acompaña este texto pertenece a un dibujo de su padre que ella donó, generosamente, a la redacción de Mientras la luz. En los últimos años le llegan nuevos reconocimientos a un hacer, el suyo, prolongado y constante. Al premio “Amantes de Teruel”, recientísimo, se le unió el pasado año el prestigioso “Ciega de Manzanares”, que el pasado martes 25 presentó en Madrid. Editado por Huerga y Fierro, 19 amplios poemas se agrupan bajo el título Claroscuro para escribir un cuadro, porque es la pintura el argumento elegido para contarse que ha preferido en esta ocasión.
 Adicta como pocas a la poesía, la cultiva abonando su suelo con el agua de un fuerte lirismo y los nutrientes de su reconocida capacidad melódica. El local de AEAE en Leganitos 10 se llenó para comprobarlo, para confirmarlo. Se llenó a pesar de la fortísima competencia poética del día. Estuvo tan fortísimamente acompañada que la lluvia, tan presente en la simbología de la poeta, no quiso faltar en la tarde madrileña, no como otros. Aunque a su disculpa acudan los actos citados. Estuvo acompañada en la mesa por los poetas José López Martínez, representando a la Asociación, y Jorge de Arco en calidad de introductor del libro. Habló el maestro Jorge de un espléndido cromatismo, de una sorprendente imaginería verbal, de un hilo que se ovilla alrededor del recuerdo. Dijo de su paisaje interior, lugar en donde el verbo batalla con la conciencia. Es allí, prosiguió, donde la nostalgia es una fotografía que amarillea de ausencia, donde lucha con las heridas que se tornaron duelo, con el escalofrío que desordena el corazón. Donde sucede la explosión de la sentimentalidad. Insinuó también, citando a W.C. Williams, que la intención ecfrática de conciliación entre poema y pintura es un camino de intenciones con el que recorrer el libro.  
Cristina Cocca
Foto: MCBarri
 Después leyó Cristina. Serenidad de voz que realza la belleza intrínseca del verso. Entra la multitud de poetas asistentes estuvo Paco García Marquina, al que instantes después del acto oímos una descripción de sus impresiones que no dudamos, tras recibir su plácet, en hacerla nuestra:  Cristina, con su palabra llena de seguridad y al mismo tiempo de dulzura, creó un ambiente emocionante que envolvió a la sala. Una sala que no rechistó hasta el momento exacto en que el encanto se resolvió en un larguísimo aplauso. Cristina Cocca es una mujer de orden pues ama la simetría, la minuciosidad, la exactitud y la autoridad, pero no obstante sus versos tienen la flexibilidad, la soltura y hasta el desafuero propio de las pasiones. Cristina es una mujer muy premiada y se desenvuelve muy bien en ese ambiente de privilegio; y es que no sólo recibe los premios sino que los reparte como hizo en esta lectura. Puedo asegurar a Mientras la luz que las gentes salieron con la sensación de haber recibido también el premio de sus versos


Rafael 

Rafael Soler y Marisa (Montesinos)
   Lo de Rafael Soler es otra tierra. El pasado viernes su editor se refería a él como una de las estrellas en el firmamento poético actual. El martes, Marisa Montesinos acarició el otro extremo:es un hombre de la casa, dijo. Ambas vientos tienen razón. Guarecido en un cuerpo que conoce la amabilidad de las formas, le vive un fiero corazón poético. Que devora. Que le devora. Un temblor insaciable del que aún no se medica. Conversador a muerte, ve la vida y es visto a través de las ventanas del Comercial. Practica la caza peripatética y matinal, callejera. Guarda sus presas a lápiz. Siempre. Pocas veces regresa de vacío. En los últimos años, esto es público, ha cimentado su alzada fama en tres libros singulares: Manera de volver, Las cartas que debía y Ácido Almíbar, tres vitruvios de pitones y faz negra, de los que cornean. Poesía y poeta de carácter, irreductibles ambos. El martes 25 leyó en la Tertulia Rafael Montesinos, su casa en los últimos años. Leyó rodeado de su gente, lectores muchos, amigos todos. Le cuesta vivir sin ellos. Para ellos quiso leer. Y para vivir, claro.  
Textos pocos frecuentes de Ácido almíbar quiso el poeta para iniciar el acto. Como rito sí, pero también como defensa. Parapetado tras ellos aguardaba el deseo. Oírse en público con los inéditos. Todo porque la fiebre no le deja. Creyó que tras el último libro sanaría, pero es débil remedio para tan severa ligazón. Desamparado, escribe. Observen: en enero de este año presentó el último libro y ya le asciende el cosquilleo. Urge. Vayamos a los hechos. Uno, la lectura, que comenzó con tono formal fue evolucionando a maneras de emoción, a susurro cómplice, a modos de enamoramiento entre el poeta y el poema, a goce compartido, a prueba y juego. Dos, el poeta sigue joven, cada vez más joven, cada vez más atento a la batalla de la seducción y sus alrededores, a los caprichos del combate, a esa tensión tan canallamente caballerosa como creíble: fresca, insinuante, gozosa. Tres, el poeta explora y explota sus descripciones-flash como golpes sorpresivos en el mentón del oyente, rápidas sucesiones que perfilan a tajo, desafíos y avisos al futuro lector, lugares de audaz belleza, como instantáneas. Así concibe el verso. la armazón del poema. Inconfundible. Inconfundible. Cuatro, las últimas entregas elegidas para el público del martes alertan de una veta ya existente y que se consolida, algo parecido a la advertencia de que la fiesta va enseñando las garras de su final, atisbos de desaliento, de que la verdad irremediable asoma. Mas tardará. Porque el amor resiste mientras suene la música. No cejarán en el baile los amantes. Soler en estado puro. Puro manifiesto.

Datos complementarios. Aquí, en este otro vídeo, pueden contemplar la lectura de dos poemas. También ofrecemos el último texto leído.

****
El viaje es lo que importa

Vamos al Sena decidiste
sin apretar la boca

y yo acepté
pues siempre fuimos dos y somos uno

de camino
un antipático taxista
nos dio la noticia en pésimo francés

flotando indiferentes a la lluvia
dos jóvenes de edades parecidas a las nuestras
alcanzaban la rive gauche de madrugada

ella lucía el collar que te compré
en el duty free del aeropuerto
y pálido también en su abandono
él llevaba mis zapatos de tafilete oscuro

todo callaron cuando un bombero anónimo
encomendó sus cuerpos
con la urgencia eficaz del funcionario

ahogados de la mano
ajenos al desvarío azul de las sirenas
nuestros labios compartían un único deseo
que nadie supo descifrar

pero esa es otra historia.

lunes, 24 de noviembre de 2014

La hermosa desmesura de López Guisado

Fotografia. Ediciones Vitruvio
   
Si alguna vez dijimos que el poeta Fernando López Guisado lee con densa pasión, nos reafirmamos en lo dicho, pero debemos matizar la apreciación: es capaz de leer con densa pasión continuada, sostenida en el tiempo. Hacía mucho que no asistíamos a una presentación de libro en donde el autor se acercase a los treinta poemas leídos. Incluido el famosísimo Mazinger Z. Hermosa desmesura. Y todos leídos con decisión fogosa. Fernando lo hizo, viernes 21, ante el aplauso crecido y consciente de un auditorio amplísimo y entregado. Tal como si quisiera compensar con una lectura masiva a una asistencia masiva. El libro también lo es. Es un vitruvio de amplio espectro que recoge los tres últimos libros de poeta. Ergonomía editorial, ejemplo a seguir que, digámoslo solapadamente, ahorraría multitud de citas, paseos y convocatorias. Acierto en suma. Así los poemarios  El beso del demiurgo, Monstruo en prácticas y La captura de lo invisible se reúnen en un sólo volumen bajo el sugerente y acertadísimo título de Rocío para Drácula: tres palabras que conjugan dos mundos propios del poeta: la ternura y el temor a lo oculto, a lo indomable.   


Fotografia. Ediciones Vitruvio

 La poesía emerge en López Guisado con personalísimo sello. Deudora de un mundo gótico de lecturas, poblada de animales que buscan ser símbolos, es un viaje de ida y vuelta a los sueños, por los sueños, con los sueños. Todo buen poeta construye su hacer alrededor de dos o tres obsesiones que le sirven de alimento, Fernando dejó las suyas claras en su anterior libro La letra perdida y aunque en éste, sobre todo en Monstruo en prácticas, procura atrapar en lo cotidiano lo que de misterio tienen sus experiencias, siempre se impone lo inaprensible de la imaginación a lo palpable, el temor a la certeza. Lo expresó bien cuando dijo de sí que era hombre bucle. Y lo expresó bien el poeta Rafael Soler, voz que habita en el Comercial, que conoce bien, que vigila desde ha mucho la obra de Fernando, al presentar el libro. Porque Soler, tras citar a M. Blanchot para señalar al poeta como mediador, quiso detenerse tanto en la generosidad humana del autor, como en precisar que es un libro de amor luminosamente oscuro. Resaltó luego la personalidad propia de cada uno de los poemarios. El beso del demiurgo como juego expresionista entre el amor y la muerte. Monstruo en prácticas: lugar en donde vivir es conocerse, planeta en donde se reúnen el hombre que ahora es, las mujeres que lo conforman y el monstruo que llevamos dentro. En La captura de lo invisible domina un amplio poema-río separado en fragmentos, un altar poliédrico en donde Drácula convoca a su alrededor los miedos devoradores y las tentaciones que salvan.

   
Buen libro de un poeta de su tiempo. Nuevo, incontaminado aún por el conformismo. Un poeta que viaja y revuelve en su interior y en el interior de las cosas. Nada extraño para alguien que practica a diario el radiodiagnóstico. Y que ve más allá de ambos, del conflicto. Los ejemplares disponibles para el acto (12 euros) se agotaron con prontitud. La sala abarrotada y la devoción hacia su poesía condujeron a muchos hacia el desasosiego de quedarse sin él. Era algo previsible. Pero sepan que Fernando es un autor fecundo, lleno de provocaciones, audaz y atento, volcado a la tentación de la literatura, aplicado y devoto de Juan Carlos Suñén, y con dos fortunas. Una, la de residir en Rivas, inquieto caserío, lugar donde escribir es una religión tumultuosa. Y dos, la de tener un editor que confía y defiende su obra. Rocío para Drácula estará pronto en librerías, si no lo está ya. Pregunten por él. Desde aquí se apuesta firme por la cercanía de nuevas ediciones. Lo que oímos lo avala. 
 _______

Tiovivo

Enamorado yo de ti.
Enamorada tú de los otros.
Nos perseguimos con el falso carrusel
de mi parque de verso y atracciones.

Hace tiempo que no vendía
mi alma al diablo.
Hoy traté de hacerlo
por una sola flor 

viernes, 21 de noviembre de 2014

Un poema de José Elgarresta/Cazzoas: Premonición


   
José Elgarresta
José Elgarresta
es poeta de vocación cumplida. Vitruviano de raíz y modos, ha editado en la digital Alacena Roja un libro sorprendente, tanto por la concepción como por su realidad final. Se titula Cazzoas. Nombre que va más allá del titulo. Se pretende en él revivir el retrato y el mundo de un poeta apócrifo griego a caballo del XIX y el XX, Evangelos Cazzoulas. Mas conocido por Cazzoas, participó, según se describe, en la guerra grecoturca conducido por ideales panhelénicos. Su idealismo le había llevado a rechazar la situación acomodada de una familia burguesa, abriendo así su vida a la intranquilidad de lo inasible. José Elgarresta ha levantado con Cazzoas un trasunto que le aguijonea. Un alter ego donde buscar y hallar. El libro incorpora además de un buen puñado de los poemas de Cazzoas, cartas, documentos, declaraciones, episodios, incluso un esbozo de biografía. Material no agotado que espera continuidad. Todo posee el valor del reto. Y de la introspección. La poesía, la escritura, de José Elgarresta ha conocido larga producción. Profundamente humana, entiende el vivir como una constante interrogación, como emoción insatisfecha.   

Premonición


El pájaro vuela,
el hombre vuela también
¿o es viento?
Echado en el bosque
rememoro las penalidades pasadas
mientras veo pasar el cielo
sobre mi cabeza.
¿Estoy haciendo lo correcto?
Pero ¿qué me importa
hacer lo correcto?
¿Y qué es “lo correcto” para mí?
A veces pienso que soy un estúpido.
Poco tiempo conservan las nubes su forma.
¿Y mis ideas?
¿Merecerán esta vida mía
que estoy dando por ellas?
Solo sé que algo germina dentro de mí,
es un árbol grande
y un día
cuando haya sucedido
todo lo que tiene que suceder,
alguien mirará el bosque
y dirá “ese árbol
canta distinto al resto”.
Alzo los ojos,
¿me he quedado dormido?
Últimamente me resulta difícil
distinguir la realidad del sueño.
Claro, si no fuera así
¿podría ser tan tonto
de actuar como siento?


Nota: Trazado por mano amiga y exacta, hay un retrato del poeta y del hombre José Elgaresta en esta dirección

martes, 18 de noviembre de 2014

Poesía y opinión



Pedro A. González Moreno

Dicen algunos que se debe usar la poesía para la denuncia social, para la agitación política. Machado, D. Antonio, no era partidario de la mixtura. Ambas realidades salen perdiendo, aseguraba. Otro asunto es que los poetas sean indiferentes y no anoten los alrededores de la vida. He aquí un ejemplo, el de Pedro A. González Moreno, poeta, que parece darse cuenta de ciertos motivos. Y aunque, según recuerda en el texto, Fray Luis de León también estuvo alerta, discrepa de la solución elegida por el de Belmonte. Lean. Parece largo, pero no lo es.


Delincuencia

   Cambian los tiempos, cambian las costumbres, pero los instintos más ruines y primarios de los hombres permanecen inalterables. Uno de los más arraigados, y quizás uno de los más tenebrosos, es el afán insaciable de posesión. Ya Fray Luis de León, desde la atalaya de sus ideales ascéticos, proclamaba en la Oda a la vida retirada su desprecio de las esclavitudes que acarrean el poder y la riqueza, y renegaba de las “ansias vivas y mortal cuidado” que provocan las efímeras aspiraciones mundanales. Malos tiempos corren hoy para sostener semejantes actitudes de desasimiento, inmersos como estamos en una cultura que fomenta, entre algunos otros valores equivocados, el lema materialista del vivir para tener en lugar del tener para vivir.
  Voces juiciosas, no obstante, siguen alzándose de cuando en cuando contra esa actitud codiciosa que es, por desgracia, inherente a la sociedad de consumo y constituye el sentido y la razón de ser del sistema capitalista. Afirma Fernando Savater en su Política para Amador que “cada necesidad satisfecha no produce sólo alivio y reposo, sino también inquietud, afán de más y mejor”. Tal vez ello se deba en el fondo, como asegura el filósofo, a que los seres humanos no sabemos lo que queremos, pero no cabe duda de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el ansia de tener puede adquirir naturaleza patológica (un coche más, un piso más, un millón más…) hasta acabar derivando en una peligrosa espiral sin retorno.
 El problema se agrava cuando esa “sed insaciable”, de la que hablaba el poeta, sólo consigue aplacarse recurriendo a métodos y comportamientos delictivos. Basta echar una ojeada a la prensa de los últimos años (o peor aún, a la de los últimos días) para comprobar que la nueva situación política y socioeconómica derivada de la Transición española, había de traernos, entre algunos otros desengaños, un par de generaciones entre las que han proliferado numerosos especímenes cuya ideología (camuflada bajo unos u otros signos partidistas) parece no haber sido otra que la del dinero. Especímenes singularmente arribistas y depredadores que, enarbolando las siglas de unos u otros partidos, y bajo el pretexto de construir un proyecto colectivo, durante mucho tiempo no han hecho sino alimentar sus ambiciones personales de poder y riqueza.
 Trincar comisiones, evadir impuestos, amasar fortunas… Mientras la gran masa social andaba entretenida en sus cosas, pagando sus hipotecas y cumpliendo con sus deberes fiscales, he aquí el gran hobby al que durante las últimas décadas se han entregado muchos de los pertenecientes a las élites, instaladas vitaliciamente en los entresijos más visibles o más oscuros del poder. Recordando el título de aquella conocida obra de Francisco de Rojas Zorrilla, “del rey abajo, ninguno” está libre de sospecha (incluidos los allegados a la monarquía). Desde honorables presidentes autonómicos hasta los más vocingleros sindicalistas, desde empresarios y altos consejeros de la banca a constructores y tesoreros de partido, desde los más facinerosos alcaldes a los más aguerridos líderes mineros, muy pocos se han librado de esa maligna tentación de utilizar sus cargos para enriquecerse; pocos han logrado resistirse a esa insana ambición que parece instalada como un mal endémico en nuestros tejidos sociales o quién sabe si también en nuestro inconsciente colectivo.
 El mítico sueño ibérico de El Dorado ha vuelto a reencarnarse hoy por estos pagos, con la gran diferencia de que aquellos buscavidas de entonces perseguían la riqueza hurgando en las entrañas de la tierra, mientras que estos buscavidas de ahora lo hacen desangrando las arcas públicas, que es una actividad más rentable y mucho más elegante. Con una perversa falta de solidaridad, el mito romántico del buen ladrón se ha invertido, y ahora los poderosos (sin necesidad de trabuco o de navaja) han abandonado los caminos para instalarse en los despachos, y decididos a dar un solemne revés a la semántica, se han reciclado y han transformado las rebeldes partidas de bandoleros en leales bandoleros de partido.
 Los “rinconetes y cortadillos” de antaño, que eran timadores de esquina y vulgares rapadores de bolsas, se han transformado en una caterva de delincuentes cum laude que ostentan título universitario y cargos públicos. Pero trocados los papeles, renovados los escenarios y cambiados los actores, el grotesco Patio de Monipodio que describió Cervantes continúa siendo el mismo, si bien aquellas esquinas controladas por las mafias locales se han convertido en feudos territoriales dirigidos por los partidos políticos, y aquellos inocentes hurtos callejeros han derivado hoy en empresas fantasmas, en tarjetas opacas, en malversaciones de fondos, en opíparas comisiones o en sutiles tramas financieras...
 La nueva delincuencia viste corbata y trajes de marca, se pasea en yates y coches de lujo, tiene chófer y secretaria, y en una venganza histórica contra el bandolerismo, han pasado de ser víctimas a ser verdugos, hasta erigirse en la nueva clase dominante. Los salteadores de caminos o los rateros urbanos han abandonado el monte y el barrio para evolucionar a una casta que ha hecho de la inmoralidad y el arribismo sus armas más devastadoras. Se han enquistado en los entresijos del poder y desde allí actúan con la más absoluta impunidad, dispuestos a liquidar el estado de bienestar y a seguir agrandando el abismo de las diferencias de clase.
 Dorados tiempos aquellos en los que se podía ir a la cárcel por robar una gallina, por atracar un banco o por asaltar una farmacia. Dichosos, sí, aquellos días en los que un padre tenía que robar para darles de comer a sus hijos. Hoy las cárceles se ven honradas con la presencia de inquilinos mucho más ilustres, cuyo delito jamás fue el de matar el hambre, sino más bien el de engordar avariciosamente sus cuentas corrientes. Ladrones de postín que han mermado los presupuestos públicos con el tesón y la voracidad de una carcoma corrosiva.
 El pavoroso derrumbe de las Torres Gemelas, hace ya casi tres lustros, tal vez no fue azaroso. A medida que el tiempo transcurre, ese desastre va adquiriendo un aura profética de magnitud y proporciones bíblicas. Su caída anunciaba, más allá de la tragedia colectiva, el desmoronamiento de un sistema basado en las finanzas y sustentado sobre los cimientos más cenagosos del capitalismo. Quizás lo que aquellos escombros del World Trade Center proclamaban era la necesidad de instaurar un orden nuevo en el mundo.
 Los innumerables casos de corrupción que últimamente van saliendo a la luz, tal vez no sean más que la punta de un siniestro iceberg que nos depara mayores sorpresas todavía. Son el resultado de aquellos tiempos de aparente prosperidad en los que, bajo una cubierta de oropel y abundancia, se ocultaba una ciénaga infestada de cocodrilos.
 Decía el monje agustino, en el mismo poema que citábamos al principio: “Y mientras miserable-/ mente se están los otros abrasando/ con sed insaciable/ del peligroso mando,/ tendido yo a la sombra esté cantando”. Pero tal vez lo que estos tiempos requieren no es tumbarse despreocupada y estoicamente a la sombra, sino ponerse en pie, salir a la calle y atizar las hogueras de ese fuego colectivo donde deberían abrasarse las enfermizas ambiciones de tantos miserables.

Pedro A. González Moreno
 (Publicado en Lanza 6-Nov-2014)

Nota: Ante el exceso de material y lo discutible de la selección, Mientras la luz ha decidido no ilustrar el artículo con los rostros que están en la mente de todos.


viernes, 14 de noviembre de 2014

Hay un día de luz y otro de sombra

   El jefe se presentó a las 10 de la mañana con este texto, que leyó despacio.

 Si amas la poesía, amas la claridad. / El objeto de la literatura / no es inventar enigmas para iniciados cursis. / Su meta es reflejar anhelos, angustias / y emociones reales de la especie / en un espejo imaginario. / Y hacerlo de la forma más nítida posible.

Aunque intentó recabar opiniones a favor y en contra, nadie se definió antes que lo hiciera él. Algo hemos aprendido en tantos años. Por las insinuaciones nos pareció que era partidario y que quería conocer el nombre del autor. Recuerden que comenzamos el curso con lo de Sánchez Rosillo, lo que da una pista de sus actuales inclinaciones.  Preguntó ¿van por ahí los tiros en la poética actual? Y se contestó, lo que haya de pensamiento en lo lírico ha de ir ligado a los asuntos diarios, palpables, algo así como se gustan y buscan la pared y la yedra. Los poetas deben escribir para aguijonear con temas cercanos y que no duelan a la comprensión, que se resuelvan bien, con sorpresa y deleite si puede ser. Y sin evitar la crítica a costumbres, mandamases o situaciones, eso gusta, las gentes desean ver que los poetas habitan el mundo de lo real. La otra poesía, insistió, es un estorbo, lo prescindible. Tal como están las cosas, a la redacción todo lo que él diga le parece bien. Estad, continuó, atentos al nuevo premio Blas de Otero, se titula Mala letra y va por esos caminos de la complicidad con el lector. Quiero vuestras próximas crónicas atentas a este concepto. No debemos perder el hilo de los tiempos  Habló la becaria, que no cobra, ni perderlos ni marcarlos, propongo que sean los lectores quienes marquen el hilo de los tiempos, porque se mojen también, y nosotros informemos sin sectarismos.  El jefe, sea, pero si encontráis al autor de la cita me gustaría saludarlo.

1. Martes

Luis A. de Cuenca

   Siempre hay una primera vez: Mientras luz estuvo en el Centro Riojano de Serrano 25. Excelente cocina. Vino excelso. Entre las actividades culturales que mantienen hay un ciclo de poesía, segundos martes de mes, que dirige Rosaura de la Cueva. Día 11 de noviembre y Luis A. de Cuenca. Quiso leer. Tal vez cansado de verse expuesto para otros en tantas presentaciones. Y leyó puntualísimo. Repitieron una, varias veces, que a las 8 debía partir hacia Cáceres para fallar un premio. Leyó sin prisas. Antes escuchó, en la salutación inicial, a un representante del Centro Riojano decir que eran hermanos “pilaristas”. Qué cruz. Leyó con la elegancia habitual y limpia de su estilo. De Cuaderno de vacaciones, que ha editado la pasta dura de Visor. Es su segundo pasta dura, tras El reino blanco. Luis A. escribe en verano, en la Costa Brava, de ahí se entiende el nombre. Escribe instalado ya en la poesía como juego, desprovista de transcendencia, sobre todo en el lenguaje. Parece odiar lo ampuloso, lo impostado en el decir. Lo cursi, dice él, de los poetas que se sienten importantes, voces de futuro. Leyó seguido, sosteniendo el libro, sin apenas comentarios situacionales. Hubo una primera parte más oscura de intenciones, por reflexiva. Se excusó diciendo que como había poetas en la sala, igual entendían. Y una segunda en donde la claridad y la ironía se impusieron contundentemente. Poemas como el del diálogo del amo y el esclavo, el de sus vivencias por la movida madrileña o el de la basura genética logran lo que pretende, que el poema sea un dardo sencillo que conmueva y/o excite. Que convierta al lector en diana. Y que el lector lo sepa. Como leyó bien y pronto, hubo tiempo para un coloquio que, comenzado con timidez, nos permitió escuchar aquello de quien piensa claro escribe claro o un primer intento de definir la poesía objetivista, y el reto al poeta José Luis Morales, allí presente, de que lo concretara. También para aclarar que el verdadero juego poético elude lo confesional, y que la situación socio-política de España le produce una inmensa tristeza. Como trajo unos cuantos ejemplares, pocos y a 20 euros, que dijo haberle entregado su editor, se celebró ceremonia de firmas mientras el Centro Riojano servía un vino a los 57 asistentes. A las ocho, la hora convenida, con prenda de abrigo en una mano, acarreando el trolley con la otra, partió a las tierras extremeñas.  El premio Cáceres Patrimonio de la Humanidad recayó al día siguiente en Marisol Huertas.   

2. Jueves
Pedro Provencio en Favorables

 Vuelve Favorables, vuelve Suñén, Juan Carlos a CentroCentro de Cibeles. Tercera temporada. Vuelve con una programación libre de ligazones generacionales ¿más a su gusto? Algo provocativa también por salirse de lo ya trillado. Pero con mucho riesgo. Quedó claro el 13 de noviembre, segunda sesión con Pedro Provencio, antólogo que fue, poeta todavía. Su último libro intentó darles voz a las víctimas de los trenes de Atocha. Despachó la tarde con un poema de 19 folios que leyó de un tirón sin apenas levantar la vista. Libro poema, dijo, complementado con notas explicativas que, preparadas para edición escrita, pueden constituir poemas independientes. Algo así, pensábamos como lo de TS Eliot y su tierra baldía, por remitirnos a lo más conocido. Su propuesta puso a prueba a los 17 asistentes. Y es que la cosa va de conflicto identitario entre el yo, el tú, el él, el nosotros, el ellos… y otros pronombres. En especial el tú y el yo a los que designó con la letra A y el él al que designó con la letra B, por aclararnos o aclararse, creo. Anotamos, de oído, algún verso “Si A vemos que nunca es B” / “Vértigo del tú mirando al exterior del yo” / “A se ramifica gracias a la sabia elaborada en B” / “Quise ayudarte pero mi yo no avanzaba” / “Nunca descansan los culpables”. Este último me gustó especialmente. Escrito desde la pulcritud en los modos, no édito aún, leído con humildad y sabiduría, el ríopoema está concebido, según pudimos apreciar, desde un tono conversacional intenso y cercano con el hombre que le sostiene y acompaña. Y aunque fue arropado con la lectura de algunas de sus anunciadas notas explicativas, debo reconocer cierta dificultad para una asimilación inmediata. Juan Carlos Suñén prefirió en esta ocasión dejar la entrevista para el tiempo posterior. Calificó el texto de impresionante, dijo que le sonaba a Juan Ramón y por la intención a Espacio. Pedro dijo que le tienta el libro poema. A todo estuvo atento, en primera fila, el crítico y poeta Miguel Casado. Y hasta aquí podemos informar porque debimos ausentarnos, con pesar, antes de que la cosa terminase. El jefe nos esperaba en un bar cercano. A donde pronto llegó Maxi Rey con la cámara. Juntos fuimos a La Siega, era jueves, a escuchar la poesía flamenca de David Morello. Contrapunto.    


martes, 11 de noviembre de 2014

Alguien lee en la noche de julio


                                                   




 A Valentín Martín Martín, poeta carniceado, que escribe y grita en sus dos últimos libros.


¿Cuánto debes saber
de mí? ¿Cuánto más debo
saber de ti ahora, cuando escribo?

¿Cuánto deben saber
de nosotros aquellos que nos leen,
que buscan bajo el flexo
de las noches de julio?

¿Qué deben conocer de nuestras vidas,
Valentín, 
de las de todos,
de las suyas también nuestros lectores,
de lo que es o no literatura,
ascua o desecho?

Por qué queremos
dejar que miren otros
tras la tapia de cal que nos oculta,
esa que a nuestros ojos hace
que el mundo y sus posibles
existan turbiamente.

¿Qué debemos hacer?
¿Contar los roces
de la piel con la piel de lo velado?
¿narrar las travesías?
¿buscar lo imprevisible? ¿exhibir estandartes?
¿llevar la suma
exacta o vil
de todas nuestras negaciones?

¿Qué hacer con la conciencia
tuya y mía,
con las suyas?
¿suponer que hay encuentro,
miradas blancas, banderas?
¿corrompernos? ¿fingir? ¿hacerlo todo público?
¿editarnos?

Tentaciones vacías. Juego inútil.
Jamás nos hallaremos. Para qué
escribir, dejar libros
cuando estos son a veces
papeles en visita, ajenos puentes, sendas
que nos conducen mudos
a ver la nada.

Mas tú sabes 
que escribir es llamar,
que escribir es gritar desde lo huérfano
hasta los huérfanos: pedir socorro

tribal costumbre, sí,
pero tam-tam que nos mantiene juntos
porque a mí, porque a ti y a otros que fueron,
a las sombras que somos,
nos parezca que aún vivimos vivos.

**********************

Un poema de Valentín Martín Martín



Ahora que el trigo se nos pone melancólico


Ahora que ya no eres joven, compañero,
y duermen su sueño lejano los días erguidos
coge todo tu tiempo y mételo en un poema.


Tal vez no sirva de mucho pero a cambio
recuperarás la lujuria del saxo turbulento
de tu primer amor y todos los siguientes,
las palabras que habitan en la sepia
de calendarios extenuados y palomas
que nunca encontraron el camino de vuelta,
el tráfico escarlata de tantos cumpleaños,
el caos con nombre y muslos de mujer,
y el frenesí de amar tan deprisa en los pensiles.


Regresarás a llamar a tantas puertas
sin respuesta y qué más daba,
a pensar que lo tuyo era un acorde descifrable,
no sé, quizás a argumentar sin altercados
los días en que construir azoteas
desde donde gobernar los sueños incorruptos
era un milagro que creías a tu alcance y lo estaba.


Ahora que el trigo se nos pone melancólico,
escribe un poema que te duela
y volverás a vivir en un instante.



sábado, 8 de noviembre de 2014

Elvira Daudet: fértil, indispensable

   Tarde del 5 miércoles. Alegres y felices, arrobados. Con el libro en las manos. Con libros –dos, tres- en las manos. Con sitio para una flor roja, roja, sobre el pecho. Con el cariño expuesto y la emoción exhausta. Así llegaron las buenas gentes amigas de Elvira Daudet y de la poesía a la presentación de su Antología poética 1959-2012 que ha editado Lastura. Elvira Daudet convoca porque es una de las pocas poetas verdaderas que van quedando. El tiempo es el mejor crítico, dicen quienes saben dichos. Cuando tantas cosas mueren, o confunden, solamente nos queda el poeta en pie frente a la vida. La poeta. A Elvira, periodista testigo de tantas cosas, mujer con los ojos abrasados de contemplar el dolor, la rescató Jaime Alejandre para todos nosotros en sus añoradas Hazversidades Poéticas. Hace cuatro años. Desde entonces ha ido congregando alrededor de su coraje, de sus poemas, de su compromiso, a cientos, a miles de personas. Los abrazos de los poetas y lectores de todo el mundo han ido llegando cronológicamente tarde, podría parecer, pero vitalmente muy a tiempo. Elvira, dueña de la amistad con tantos del grupo del cincuenta, tuvo entonces para su obra escasa difusión. A partir de Hazversidades, y por una vez en este país tan cruel para tantas cosas, ha sido posible la justicia.

 La antología editada comprende en 131 páginas 41 poemas sin remedio, que cuentan. Cuarenta y una longitudes de vida expuestas al sol. Memoria y alma. La luz del desengaño en primera persona. La lucha como alimento. La voluntad de caminar erguida, la voluntad paciente de alguien que ha ido contando los golpes. Aldeas de memoria. Praderas de algodón y de desesperanzas. Poemas. Tormentas desplegadas. El miedo de ser. La decisión de atravesar las puertas. 41 poemas. 131 páginas. En ellas, Lastura, la joven y prometedora editorial que dirigen Lidia L. Miguel e Isabel Miguel, han volcado su voluntad de buen hacer, que es mucha. Ya desde la portada -un almendro sin hojas florecido- se anuncia el descarnamiento y la belleza de su interior. Hay que señalar que los textos ahora impresos han estado, por voluntad de la autora, a la consulta pública en la web de Alacena roja, en donde ha reunido más de 60.000 lecturas de todo el mundo. Las editoras mimaron (ese centro de lilium, ese centro) el acto con detalles no acostumbrados para Mientras la luz. En todo hubo expectación no acostumbrada.

   La sala estuvo a reventar aforos. Gentes en pie. César Antonio Molina director de La Casa del Lector, donde se celebró el acto, recibió a los asistentes, poetas en su mayoría. Tras el saludo, Lidia anunció la manera de encontrar –en lectura libre también– los muy últimos poemas (2012-2014) de Elvira Daudet en la página de Lastura. Así de generosos son los nuevos tiempos, ocupados y en riadas por la gente generosa. El maestro Ángel Guinda, aragonés exigido –y cuerda rota para presentaciones, prólogos y solapas durante las próximas dos temporadas– tuvo el encargo de las palabras previas. Enorme. Hizo un paseo frutal por la obra de Elvira. Habló de dignidad humana y poética, ligó a la autora con su tiempo; una poeta clásica y viva, fértil, indispensable, dijo. Señaló luego cómo se reúne en ella lo meditativo del barroco y la emoción de lo romántico. Todo arrancado por un dolor que nunca es entelequia ni construcción retórico-jeremíaca. Habló de antropoemas, de clara arquitextura, de conciencia no distraída, de transparencia exultante, enérgica. Y textualmente: No es la suya una poesía intelectual sino una poesía salvajemente natural, sencilla. Que hace inefable lo común, relevante lo pequeño. Que muestra la  grandiosidad oculta de las cosas y de los hechos de manera humildemente sabia.

Fotografías de Nunci Vaamonde
   Tras él leyó la autora. Leyó tras agradecer. Leyó con seriedad sonora, transitiva, decidida a la comunión del instante. Ocho poemas en directo. Desde Autorretrato, de Crónicas de una tristeza (1971) hasta Sin cuerpo del desbordante Cuaderno del delirio (2012). Tensión sin esfuerzo, le basta con ser ella para lograr el aire denso de las grandes ocasiones, el aroma raíz, lo que conmueve. Tuvo la ayuda de su “hermano” Paco Moral que leyó Todo es aire, un poema profecía de 2010 en el que ya reclamaba los nuevos tiempos, los jóvenes que se avecinan. Los sentados, los en pie, los del clavel, los de los libros de par en par, los arrobados aplaudían cada poema. Alguno antes de haberse terminado; miren si no este vídeo que grabó a pulso nuestra becaria. A mi lado, alguien nuevo preguntó ¿Qué tiene Elvira Daudet? Otro cercano resolvió, tajante: Sabiduría y verdad. Cualidades necesarias, decimos nosotros, para que la poesía deje de ser un ejercicio formal y vuelva a ser, como decía Hölderlin, la religión primera de la Humanidad. Busquen por ahí a Elvira, búsquenla en esos territorios, busquen el libro aquellos que necesiten de la inteligencia, de lo íntegro, de la voluntad de vuelo. Busquen en el papel de Antología poética1959-2012 aquellos que deseen saber en que consiste este premio o castigo que supone la obligación de existir. Elvira es poeta, ha gozado, sufrido, ha tomado muchos trenes, sabe ver y contar ese milagro que consiste en recorrer la vida. Y su impiedad.

   Queda decirles que la lectura finalizó con aplausos en pie. ¿Recuerdan ustedes algo igual? 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Tres poemas de Jesús Aparicio

 

Hay asuntos en el mundo de lo poético que admiten escasas discusiones. Entre ellos hay uno evidente, este: para poder separar a un poeta de un versificador con suerte, es preciso distinguir en quien existe mundo interior propio y una voz personal. Con la advertencia de no confundir mundo propio con obsesiones, legítimas también, pero de menor condición motivadora. Ni tomar por voz propia la habilidad en el uso del lenguaje. La motivaciones de Jesús Aparicio perduran más allá de las circunstancias y, salvando los matices propios que aporta el paso del tiempo, llegan a constituir un mundo interior pleno de luz y de sonoridad, quiero decir transparente. Transparente porque se muestra con la nobleza con que acude el pálpito exacto a la verdad. La voz de Jesús Aparicio es refleja, brota y vuelve, es manantial y desembocadura, aparece y regresa sin otro afán que mostrarse y demostrar el mundo. Fiel siempre a su contención, camina tan lejos de la avaricia y la lujuria de las formas como cerca de lo sincero. Y esto ocurre, voz y mundo en concierto, cuando la mirada del poeta sobre las cosas está ligada a las maneras hondas con las que se vive el mundo, como es el caso. Algo muy distinto a la pose, al acomodo circunstancial. Sólo al que vive en el silencio creativo, como vive Jesús, le es posible escuchar las armonías minúsculas que pasan desapercibidas a los que habitan, tal vez lo buscan, el rededor del ruido. En la vida pequeña se replican los universales. Es necesario encontrar el cielo y el infierno en el haz y el envés de una hoja. Jesús lo consigue porque tiene la paz del buen relojero, del que sabe que a través de la lupa monocular es posible contemplar y dialogar con el firmamento. Jesús es poeta atento a cuanto le circunda y le importa: lean Naturaleza y Palabra. Mayúsculamente escritas. Jesús Aparicio es poeta persistente en la elegancia de sus modos. Modos discretamente poderosos, penetrantes en las sugerencias. Escribe a menudo porque tiene causa. Escribe siempre que una hoja, el vaho del invierno o el rumor de la abeja le provocan. O cuando se pregunta por el milagro insondable del hecho poético.





   De su última entrega La paciencia de Sísifo (Libros del Aire. 2014) hemos escogido tres poemas que Mientras la luz quiere compartir con sus lectores.



Programa

Sobre el pico del águila nos seducen fatuos fuego
pero yo no les presto atención
mientras espero a ver como nace
la hierba nueva bajo el olivo.

El brillo del engaño no me ciega.
Llego arriba
cuesta abajo.
 ______

Septuagésima séptima lección  

Esta mañana he desempolvado
el primer tambor que tuve en mi infancia.
Lo aporreo y castigo con un lápiz
huérfano de palabras.
Afortunadamente nadie dice
que esto sea música.

El duende es caprichoso y nos exige
trabajar la mirada
para dar con la luz.

En poesía no
vale todo y nada
es lo mismo.
______

Acuario

Este pez de colores que no me reconoce,
en su acuario vigila mis entradas
y anuncia mis salidas
–garabatos de sombra entre algas verde–
con burbujas de olvido.

De vez en cuando derramo harina en su universo
y él nunca ha adivinado el nombre de su dios.

Esta mano
que es de ayer y no guarda recuerdo entre sus dedos
tampoco reconoce a su criatura.

El hoy recreado
entre dos desmemorias,
quién lo alimentará.