viernes, 22 de septiembre de 2017

Hoy (variación)






En una servilleta de papel,
entre las páginas
tal vez ochenta seis
y ochenta y siete
de un libro de Juan Gelman,
hay un trozo de bar 
y otro de cielo
del pueblo mío, de la piedra
que labraron mis padres

y apresadas y prietas
tres palabras que escondo,
porque olviden
el desorden y el hambre,
el veneno preciso
del país donde entierran cuanto amo.


jueves, 14 de septiembre de 2017

Un poema de Santos Domínguez Ramos: Memoria herida y compás de Manolito de María

     


Hondo en su
inquietud, Santos Domínguez Ramos es cacereño y poeta. Amador de lo édito. Lector sin fatiga. Posee la enorme delicadeza de dejar constancia pública de sus lecturas. En sus blogs hay noticias, reseñas, críticas de cuanto le interesa, de cuanto desea compartir. Que es mucho. A veces abruma pensarle en el afán. Santos es un lugar donde acudir. Por el rigor, por el saber, por el acierto. Aljibe en donde miles sacian, saciamos, para estar al momento de novedades editoriales. Entregas que suelen aparecer en sus blogs antes que en las estanterías. Cacereño y poeta. Porque tras ese vendaval hacia lo externo, existe un poeta denso y sugerente. Un poeta que no se esconde tras el runrún de las publicaciones. Su poesía ha sido valorada, apreciada, en diversos certámenes: Manuel Alcántara, Ciudad de Badajoz, Juan Ramón Jiménez, entre tantos. Hace unos años los sevillanos de La Isla de Siltolá editaron La vida navegable una amplia antología de su obra. Es dueño del color en las palabras, sabe, y cómo, de la sonoridad de la lengua. Cualidad esta que se ahorma en el mimo y el rigor con los que construye. Conjunción que consigue hacer a sus poemas reconocibles y que reconozcamos la voz que los levanta. Poemas que se resuelven como espirales de águila sobre amplias consideraciones existenciales. Rodeando el enigma, en busca siempre del centro del conflicto. Miradas ciertas en un temblor de Naturaleza y Hombre al fondo. En escasas ocasiones se detienen en la anécdota, en la provocación inmediata. Aunque también. Como en este caso –de Principio de incertidumbre, premio Ciega de Manzanares– en que el recuerdo de algo auténtico, de la voz de un cantaor, hace surgir la surgir la suya. Tierna y pedernal.        

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Memoria herida y compás de Manolito de María

De la cueva profunda,
del encalado fondo de la cueva,
se alza a compás su voz menesterosa
con un torrente antiguo y subterráneo
que brota de la roca del castillo del Águila.

Y en la venta Platilla se afana humilde y llama
al fondo de sí mismo
y entona con un hondo compás atropellado
la soleá cabal, la seguiriya grave,
la bulería pausada y luminosa.

En los tercios que canta
–canta porque se acuerda–
respiran las edades pesarosas del hombre
y laten como laten los perros vagabundos
la historia desolada de la calamidad
y un mensaje extraño de dolor y alegría.

Oscura como el fondo de la cueva,
clara como su cante combustible,
vibra allí la memoria herida de la raza
–las fatiguitas negras, el desamparo, el hambre–
con un compás herido de fiesta y amargura.

De su voz desdentada
brota una antigua luz inextinguible
y en su hondo pellizco analfabeto
hay un temblor de sangre antepasada,
la memoria indigente de la especie.

Llama negra en la noche inhóspita del mundo,
rescoldo en la intemperie de las flores del fuego,
herencia de palabras de los desheredados.

No lo sabía y cantaba
el tizón del estrago,
la manera de ser de la desgracia
con esa contención delgada y seria
que no se aprende, que es
el mapa doloroso de sus venas antiguas
–Joaquín el de la Paula, Macandé, Juan Talega.

Porque eso no se aprende, eso se nace
–le decía a Mairena–

con él, primo, en la sangre.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Desmoronan



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Habitaciones mustias todo 
lo dicho y ya escuchado,
adobe su verdad

seco barro
y paja
que la lluvia, los cuerpos y su roce
desmoronan.

Me dijiste:
La verdad es la casa del hastío,
y adobe,
muro deleble,
estancias taciturnas
aquello que entre dos
pudiera ser explícito, lavado.

Entre nosotros –añadiste–
sólo lo inexplicable permanece.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Un poema de José Luis Torrego: ELIot, ELIot, LAMA SABACTANI?

   
   En la Casa del Libro, la que comienza, según asegura, a sentir como casa propia por la delicadeza con que tratan sus libros (mesas de visibilidad, escaparates…), presenta José Luis Torrego su Suzanne. Editado por Amargord es su tercera entrega poética. Antes existieron  Levantas los párpados y amanece (Vitruvio, 2012) y Piel disidente (Lastura, 2015, dos ediciones) a más de un excelente libro infantil, gran éxito de ventas, titulado El cerdito guarrete y algún amiguete (Lastura 2017).  José Luis es segoviano, filólogo, profesor, fotógrafo y poeta.

José Luis Torrego ante el espcparate de la Casa del Libro
de Gran Vía y la portada de Suzanne.
(De su perfil de FB)
        Si José Luis Morales, uno de sus poetas de referencia, dijo de él, en ocasión de Piel Disidente, que es poeta “ajeno al dramatismo extremo y seco de otros escritores heridos por una mirada vertical (por decirlo con  Roberto Juarroz), pero igualmente pensativo y próximo al pathos del desaliento” Y dueño de una “poética obsesionada y ciclotímica, tierna y lúcida, profundamente seria,  nunca ácida, a pesar del dolor que la ensoñación y la herida —conjugadas— rezuman”, Es difícil desprenderse de estas definitorias palabras cuando uno se enfrenta a la lectura de los poemas de Suznnne. Desolación y ternura como maneras de entender el mundo, de penetrarlo y de ofrecerse a su penetración. Pero en su Suzanne, referente personalizado de cuanto de aspiración noble y placentera tiene lo humano, y que sirve de interlocutor/a, hay algo más, algo que queremos dejar patente. Hay un salto cualitativo en su manera de construir poesía. Aquí desparecen las rígidas fronteras de timidez y tanteo que traspasaban los primeros poemarios. La desenvoltura en las formas, incluidas las topográficas, las constantes referencias lectoras y de génesis, su provocadora universalidad de intenciones, su fructífero culturalismo, la amplitud indagativa de un vocabulario comprometido con el tuétano del poema, la exigente falta de concesiones a lo establecido, quiero decir su decisión de rotura, de ir más allá de lo formal y ya labrado, la reconocible personalidad de un discurso teñido por la filosofía de la incerteza, y la hábil aplicación con que consigue que el fragmento y lo discusivo se alternen dialogando, lo sitúan entre las voces llaves de una generación.
A pesar de su tardía aparición en el paisaje poético hispano, José Luis Torrego, buen gestor iconográfico, golpea con precisión de voz y audacia la concurridísima mesa. Ojalá y la sosegada contundencia de su grito se escuche como debe. Por él no ha de quedar. Miércoles y 13, su presentación madrileña.     

      De Suzanne, un libro que en nuestra opinión debería haber aparecido en la Colección .C de Amargord, junto a Voces en off de su cercano Alejandro Céspedes, este poema.


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ELIot, ELIot, LAMA SABACTANI?

I

En nuestra mano ya no hay cartas
de navegación que preserven nuestra nave del escollo
sólo cartas al azar y boca arriba
de una torre de un ahorcado de un marino
fenicio que naufraga en un tarot
del Sternbergersee nobiliario y encrespado

a quién si acaso a alguien le importa?
                                            Madame Sosostris baraja indolente
sus naipes sin lustre pegajosos
por el uso y el poso sudoroso de los lustros
y los vahos que sedimentan el alcohol de los vencidos
en una pensión de Ginebra
en un lago de Ginebra
en un vaso de ginebra en un beso
marchitado de la reina Ginebra a Lanzarote
que se fue
de punta en rojo
rumbo a su lac, su lai, su loin


II

                                    Y el ahorcado del tarot reza

en la vasta extensión mínima entre muerte y nacimiento
ese instante respirado entre dos inexistencias
apenas si hay un sueño azul bajo tanto escollo a oscuras

una noche de jacintos oh doncella en el jardín de los amantes
y toda una vida luego en que te llamen la Chica de los Jacintos

la soledad se interna en un laberinto de arrugas como una detonación
                                    la soledad se interna
                                    en un laberinto de arrugas

                                    como una detonación

oh mi niña qué te he hecho? se lamenta Horacio
pobre niña dicen los poetas renacentistas del Carpe Diem
y los barrocos y los malditos y los visionarios ingleses de los muelles opiáceos

las palabras gastadas apuñalan unicornios si son nuevos los oídos
y ensangrientan azucenas que iniciaban su caricia


viernes, 1 de septiembre de 2017

Primer Consejo de Redacción (en plasma)





     Buen septiembre, bienvenidos, gracias por estar aquí. Parece que seguimos. El Jefe lo decidió ayer, jueves,31 de agosto. Hubo Consejo de Redacción por video conferencia (vulgo plasma). Quiere reorganizar el funcionamiento de Mientras la luz. Es una decisión quebrantable como todas las suyas. Oportuna, nos dice, hacen falta reformas. O cambiamos o perecemos. Patria o muerte que decían los liberales decimonónicos. Lo que sucede es que no sabe aún en qué dirección. Si mantener los nombres y cambiar las funciones o mantener las funciones y cambiar los nombres de las cosas. Dice que se ha tomado un mes, un año, un siglo en Torrevieja para pensar. Allí sigue, tumbado, donde tiene un tío registrador de la propiedad. Y leyendo a Karmelo para aprender la manera paisana de estar en los bares, y para luego contarlo de manera aparentemente ingeniosa. La redacción, mientras, es un alboroto. El botones Picodemonte escribe dazibaos y llena las paredes diciendo que quiere irse, redactar por su cuenta. Lo audaz y lo prudente es seguir juntos, le decimos. Y esperar. La poesía, le añadimos, es un país cultivado desde hace mucho, pero que sigue siendo fructífero para todos si se siguen ciertas reglas. He aquí algunas, una docena, que pueden evitar el batiburrillo. Son de un casi paisano nuestro, hijo de agricultores y enterrado en Calaceite. Tal vez ya supongan ustedes de quien se trata. No es poético decirlo todo.
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La poesía es un camino de ida, pero sin vuelta. Los que vuelven regresan de otra parte.

La poesía es como una piedra en medio del camino. El buen poeta tropieza con ella y cae. El mal poeta nos la tira a la cabeza.

Lo discursivo puede ser poético, siempre que el discurso pague los platos rotos.

Para ser capaz de decir algo, hay que renunciar a decirlo todo.

Algunos poetas parecemos ignorar a la décima musa: la que aconseja no escribir.

Quien no se admire de hablar y que le entiendan, no lea poesía.

Sólo quien es capaz de soledad puede convertir el agua en vino.

Antes de escribir, hay que aprender a no hacerlo. Los fundadores se retiraban durante años al desierto, no para meditar, sino para cumplir este aprendizaje.

El poeta grande no evita necesariamente los lugares comunes porque sabe usarlos con magnanimidad.

El exceso de sinceridad en la poesía, como en el trato, es un egoísmo y, en último término, una falta de educación.

Todo discurso sin zonas de oscuridad es convencional y carece de inspiración. Pero oscuridad, en este caso, no quiere decir falta de lucidez.

La poesía está hecha de lo que se dice, pero también de lo que se calla. Por eso, quien lo dice todo no es poeta. Quien lo calle todo, tampoco, pero resulta menos molesto.

lunes, 28 de agosto de 2017

Barcelona



 Hay un cuchillo herido
cerca de mí

hay un acero
tembloroso que busca residencia

anhela un sitio, dice,
donde poder llorar y ser llorado

hay un filo que busca
la parte izquierda de mi nombre

lleva días que ronda
lo que cree una muralla

al caer de la tarde le abriré
de par en par las puertas.


viernes, 28 de julio de 2017

Vicente Martín, cinco años



         Hoy, 28 de julio, hace cinco años que perdimos al hombre y al poeta que fue Vicente Martín. Amigo de esta casa, de este refugio que es Mientras la luz, queremos que un lustro después vuelva nuestro recuerdo, nuestro cariño, a su obra y al aroma de su compañía. Cinco años que su voz y su cuerpo quebraron para los aires y la luz, más no en nuestra memoria ni en la de aquellos que lo trataron, que lo leyeron, que supieron de su pasión por la palabra escrita. Sorprendente siempre en sus construcciones, en sus temas, en los recorridos por el alma del lenguaje, fue dueño de un surrealismo de hondo temblor humano. Fue también hacedor de casi imposibles soluciones para el poema. Su personalidad le hace reconocible en cualquier paisaje poético porque en su cercanía crecen las rosas y los mares limitan con los cielos. Él sabía que el mundo es sólo una metáfora a punto nacer, por hacer. Y lo contaba.

        Hace tres años apareció en Huerga y Fierro una muestra completa de su obra con el título Lo que de mí puedo contaros. Allí se guarda una muestra antológica de más de cien poemas, allí los últimos libros inéditos que de su archivo, y gracias  la colaboración familiar, pudimos recuperar.

        Hoy, para honrar, para servir su recuerdo, este poema.      


Quién eres tú que vienes de la orilla del frío y me preguntas
la edad de los cerezos,
quién eres tú que pronuncias mi nombre si no sabes
ni a qué distancia vivo de mí mismo
y cuando quiero hablarte te has perdido entre nubes viajeras,
¿acaso algo de mí,
yo mismo,
desde el subsuelo más hondo de mi carne te he llamado
porque el tiempo del agua ha concluido?

Quién eres tú que traes
la misma soledad con que yo lloro,
la misma voz, la misma
manera de cubrirte los ojos
cuando estalla una luz y no hay ventanas
que miren a lo eterno, quién eres tú
que atraviesas mi cuerpo y examinas mi sangre para ver
qué llevo escrito en ella.

¿No ves que ya no tengo las manos para amarte,
que estoy solo en el mundo y se me pueblan
los cabellos de mimbre?

¿No ves que estoy descalzo y no me llega
la ternura a los pies?

Puedo existir sin ti, ser yo sin ti, morir sin ti,
puedo escuchar el trino de los pájaros,
llorar con otros ojos,
amar con otras manos,
puedo
ser tú sin ti.

sábado, 8 de julio de 2017

Federico en Urueña: Quien dice sombra

      Las murallas de Urueña contemplaron la celebración. Vino Federico Gallego Ripoll a recoger el premio Villa del Libro, tan premioso en su hacer que han pasado dos años desde su convocatoria hasta su entrega, y lo trasformó en gozo. Aquello, lo que había sido previsto como trámite institucional, quebró. Y por las rendijas de la serena tarde castellana apareció la poesía, quiero decir Federico, para hacerse cargo de todo. Primero en el acto de entrega, con sus palabras de aceptación, pero sobre todo en la lectura al aire libre, al sol vencido, a la sorpresa caliza de junto a la muralla. 

      La voz, el potente matiz de la voz del poeta, hizo de su vuelo búsqueda. Nos recordó que siempre ha entendido la poesía como destino, como lugar de encuentro. El poeta de la mirada múltiple, el poeta proteico por su capacidad de ser lo que canta, el poeta atento al pájaro del instante leyó para todos. Y todos escuchábamos sin tiempo. Hasta el aplauso del temblor final. Salvo en el poema que dedica a su madre, recién desaparecida, en todos los demás su lectura estuvo acompañada por el susurro musical –celestial– de Suria Pombo y Raúl Balbuena. Dos músicos que supieron captar y servir, que jamás ocultaron las palabras. Los poemas de Quien dice sombra, tal es el título de libro de poemas editado en la colección Maravilla Concretas, se abren con la cita de Paul Celan "Dice verdad quien dice sombra". Federico encuentra la verdad tras cada sensación, tras cada negación de lo abstracto o lo concreto. O de la lógica. O de la narración. Sus textos se levantan en el sendero inestable que conduce desde lo visto a lo sentido. Es en ese camino de excitación donde su voz halla posada, donde su yo ve a los otros. Cada poema -no hay gritos- es una llamada. No es posible sentir solo, parecen exigirnos, es preciso compartir el misterio, lo inexplicable, lo que atrae e inquieta. Porque así se construye un poema en Federico: nace de lo cierto, de lo aparentemente cierto, para explorar lo que de enigma encierra la verdad, el pálpito inconcreto que conduce hacia los interrogantes. En pocas lecturas como en esta fue tan evidente. Federico no excava, ni siquiera escarba, tan solo araña la piel de su pronombre para hablar y escuchar a otros pronombres que siente próximos. No escribe para ser leído en años, en siglos futuros, sino ahora, ya. Convocando. Hay en él desprecio a la trascendencia, a lo grandilocuente, tanto como al coloquialismo. Hay en su decir, en su lenguaje una distancia perfecta entre poeta y lector,  pero sobre todo consigo mismo, con lo que pide y espera de su mirada. El árbol, la luz, las aves, los ruidos… con las cosas, entre tantas, que atento vigila, porque sabe que ahí sucederá. Y todo ocurre tan natural en su hacer, ocurría tan natural en su lectura, que Federico no nos parece entonces un poeta, sino un hombre desnudo a quien los alrededores visten.  Y él se deja porque desea contárnoslo. Todo esto sucedió, 5 de julio, en la lectura de Quien dice sombra. En Urueña de Valladolid. Junto a un sol vesperal, piadoso y ocre, por entre los milagros sonoros de Raúl y Suria, ante la escucha atenta de los paisanos, y con la amiga de poetas como Carlos Aganzo y Fermín Herrero. Estuvimos allí.

      Quiso el poeta cerrar el acto nombrando la reciente edición de Cardinales. Ocho poetas y con la lectura de cuatro de los poemas suyos que contiene.

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                                                (Frágil)

Es todo tan sencillo.
El mundo está al alcance de tu mano,
sólo existe lo que puedes tocar, gustar, oír…

(aunque también camines al borde de la espada,
el plomo o la cicuta).

La existencia depende del lugar:
yo recuerdo,
tú olvidas.

La frontera se rasga como una tela vieja.

***

                                                  (Rito)

Sólo los árboles me dan la mano,
ellos entienden mi danza.
En el claro del bosque, cuando la luna deletrea
nuestros nombres y nos da a beber
leche de vocales de lenguas ignotas,
vienen los árboles a mostrar su aura desnuda
y a cantar con nosotros
las antiguas cantigas de ausencia.

Son necesarias muchas vidas hasta volver en árbol.
Hay que olvidar todas las leyes,
el uso de todas las armas,
el camino de todas las fronteras.

Sólo entonces
puede ser que el alma del hombre
se haga alma de árbol.   


         

viernes, 30 de junio de 2017

Siete haikus de Cristóbal López de la Manzanara


      Qué problema el asunto del haiku. Tan leve, tan próximo en su hacer, tan sensación, tan sugerente. Qué tentación desde que el mexicano José Juan Tablada publicara en 1919 Un día… o desde que Octavio Paz -La poesía de Basho no es simbólica: la noche es la noche y nada más- lo revitalizara allá por 1957. Que tentación para unos españoles que tienen el oído acostumbrado al 5/7/5 de la seguidilla. Que tentación de fusionarlo todo, asonancia incluida. Lo de las estaciones, lo del instante, lo del paisaje, lo de la fugacidad cósmica, lo de la sensación de contraste. Lo de la ausencia de metáfora, de causas y consecuencias. Todo eso que tanto se sabe y tan bien nos repetimos unos a otros. Pero qué tentación tan a la puerta de casa lo de las 17 sílabas hispanas, esas que nada tienen que ver con las 17 japonesas. Con lo intraducible. Es conocidísimo que Benedettí las tomó como juego, como riesgo, y, despreciando el fondo del asunto conscientemente, se quedó con la atracción de su forma. Con el molde. Dicen que hacía cien en una siesta. Qué tentación. Tanta que en los llanos de Albacete personas como Susana Benet, Valentín Carcelén, Elías Rovira y tantos otros se esfuerzan por… Disculpen que interrumpa la digresión, todo esto viene aquí tan atropelladamente porque Cristóbal López de la Manzanara ha editado (Lastura 2017) un libro de haikus al que ha titulado EN, y por subtítulo Haikus para una primavera, del que quisiera decir.

      Presentado, 25 de abril, en el Espacio Mercado de Getafe por voces tan autorizadas como los poetas Manolo Romero y Matías Muñoz, la voz de Davina Pazos en la lectura y la proyección de imágenes ad hoc con textos en caracteres japoneses crearon una atmósfera ideal entre las casi 200 personas que llenaban la sala. Una sala repleta para escuchar haikus. Que no defraudaron. Haikus asonantados, sí, pero disciplinados en las medidas y en las aspiraciones. Dice bien en el prólogo Corredor Matheos cuando advierte que procuran atender a los preceptos ut supra recordados, pero que sobre todo se esfuerzan en establecer relaciones entre los distintos elementos de la naturaleza que reclaman. Esa es su gran virtud, reafirmo. Pocas veces, aunque alguna –sobre todo el amor- aparece lo humano y sus emociones en lo observado y contado. Y menos aún sorprendemos a la acción estéril entre las partes del todo. El poeta cuida hasta el extremos sus intenciones. Son haikus escritos con claridad punzante, a prueba de sencillez, con limpia mirada, con abiertos ángulos de luz. El poeta no intenta por ningún motivo dejarse influir por los elementos y los acontecimientos observados. Mucho menos extraer lecciones morales. Hay pues una disciplina cartuja de vigía y densidad que disculpa la aparición de adjetivaciones, única grieta por la que el ánima del autor se vincula, dejándose ir, con el paisaje y su discurso (y que crean escenarios que el lector agradece por su frescura). Como en cualquier libro de haikus, unos dejan indiferente a quien lee y otros le remueven. Es el riesgo del haiku, esa ráfaga que intenta poner en contacto dos miradas, dos sensibilidades en tan escasos límites, en tan distintos momentos. Pero hay en todo él una dignidad, nacida del rigor, poco frecuente en quien por vez primera se expone a una prueba de tal dificultad. Es Cristóbal López de la Manzanara poeta poco prolífico, por eso es tan de agradecer su valentía y este libro arriesgado. Un mirada pretendidamente objetiva que tanto dice de su subjetividad. Les aseguro que se conoce mejor al hombre y al poeta tras cerrar la lectura de este libro.

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Vida entre muerte
cuadro de mayo, rosas
de sur al este.
*
La paz desnuda
recostada en el césped
llena de dudas.
*
Alfiletero:
corazón con la sangre
de terciopelo.
*    
El remolino:
humareda de sed
en el camino.
*
Nieve en vilanos
del diente de león
por los majanos.
*
Enrojecida
comunión en la tarde
de luz herida.
*
Cinco aviones
trazan un arco iris
con siete errores.

martes, 27 de junio de 2017

Dos poemas de Alfonso González-Calero

      Ay de los poetas tardíos, gemía el Eclesiastés. Los que luego fueron ignorados en la jornada del monte de las bienaventuranzas. Un libro reciente, La musa a la deriva, de Pedro A. González Moreno, se ocupa de ellos con justeza. Son más abundantes de lo que se cree. Algunos fueron de vocación temprana y han necesitado el paso del tiempo para vencer el pudor de mostrar. Conozco el tema. Por ello comprendo la tardanza y la decisión de Alfonso Conzález-Calero García: el periodista, el promotor editorial, el agitador de espíritus, el hombre siempre al servicio de la cultura castellano-manchega, en dar a la luz su producción poética (1985-2015) que ha agrupado bajo el título de Ida y vuelta, aparecida recientemente en Biblioteca Añil Literaria. Poeta tardío sólo en apariencia.


      La excesiva amplitud cronológica de la muestra podría indicarnos una voluntad antológica de obras anteriores, pero quienes conocemos la persona y la labor de Alfonso, sabemos que no es así, sino que es libro que nace por acumulación, por desborde, por la incapacidad de su autor para sostener en el redil lo que pugnaba por ser aventado. Es un libro amplio, a pesar de la purga que el autor ha debido someter a lo que vivía remansado, y distribuido en seis apartados. Los poemas, sin título, no respetan escrupulosamente el orden de creación, sino que buscan agruparse por intereses comunes. Vienen dominados por la reflexión sobre la aventura del vivir, sobre el enigma de la existencia, sobre la violencia o no del destino. “¿De qué estás hecho – dice el poema final de la tercera parte-  de tu propio orgullo/ de obras de los otros/ de despojos/ y del leve cariño de unos cuantos.” Y es que el hombre deviene en soledad aunque no la busque; y es que el hombre se pregunta por el significado de la palabra mañana, cuando la palabra ayer aún no ha sido entendida. Poesía de la existencia, más que de la edad, que también: los primeros poemas fueron escritos con el autor en 34 años. Digamos que el libro se construye con poemas fechados y con citas provocadoras No son meros adornos, como en ocasiones sucede. Citas a las que en general responden los poemas, y fechas significativas de estados límites de emoción que nos conducen siempre hacia la introspección, hacia el adentro del hombre exacto que sostiene al poeta. Son en general poemas breves, como apuntes, como dardos. “En una sola frase/ captas/ sabes/ conoces/ lo que se te ha ocultado/ en muchos años”. La violenta mansedumbre que lo habita, hace gozosa la lectura de este Ida y vuelta en donde cualquier hombre puede sentirse reconocido, interpelado, buscado. Fieramente humano, por emplear el término de Blas, pero escrito con el sosiego del que se sabe íntimo, sin deseos de provocar ni provocarse sino con la ambición de poder decirse,, escarbarse, aunque sea mínimamente. Y dejar nota sobre lo hallado. Alfonso titula Para dudar que vivo el primer apartado, y esa duda, la de qué significa vivir, es la que tiñe cualquier pared, cualquier página, de este poemario, que si no fuera por lo desgastado del uso, uno lo tildaría de honesto, solamente por la sinceridad desde la que está levantado. Y es que vivir, aún sin saber para qué sirve, terminará costándonos la vida. Un gasto inútil a veces. Un ida y vuelta al que nos es difícil, salvo en precisos instantes, encontrarle sentido. Aquí el poeta que es Alfonso, cuando decide ejercer su madurez como tal, lo hace siempre traspasado por las incógnitas, instalado en la frontera entre lo decible y lo indecible.  Yo creo que tanto en el trasluz como en la zozobra de Alfonso González-Calero es posible encontrarse. Encontrarme.

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NUEVE
 
La lluvia oculta el cielo
Adelanta la noche
Siembra el ruido de mil furias
Contra la tierra,
Parece querer borrar nuestros contornos

Y me preguntas, ¿Cuándo terminará?
Nadie lo sabe
Sólo sabemos que abandona,
Pero no cuando.

            Tavernes  14/09/02

ONCE

Tienes que decirlo,
En dos palabras.
Evita rodeos.
Sobran los vacíos adjetivos.
Los circunloquios opara bienpensantes.
Los eufemismos para los miedosos.

Tienes ya que decirlo
En dos o tres plabras,
Sin retótica:
La vida duele.

           Madrid  12/11/02  Metro   


viernes, 16 de junio de 2017

Ramón Palmeral. Paisano en Alicante

Autoretrato
(Ramón Palmeral)
     

     Nacimos a cuatro meses y cien metros de tiempo y distancia. Sus padres estaban de verde tránsito laboral por Piedrabuena. Eran aquellos tiempos de la paz forzada y ganarse el pan con esfuerzo. Apenas niño abandonó el pueblo para no volver jamás. Digo físicamente, porque jamás se ha ido de la luz de su nacer. Ramón Palmeral, poeta, crítico, divulgador y pintor vive en Alicante, en donde lo conocí y traté brevemente con motivo de una lectura, a la que él se acercó con gentileza. Y difundió. Desde aquel entonces hemos sabido uno del otro con cierta fugacidad, frugalidad. Hasta este año.  Es el caso que Ramón (Fernández) Palmeral admiraba y seguía la obra de un paisano común, de Nicolás del Hierro, y ha sido el hecho doloroso del fallecimiento de Nicolás lo que ha acrecentado nuestra relación.

Retrato de M. Hernández
(Ramón Palmeral)
      Es sabido que Ramón Palmeral ha dedicado su vida a la pintura – tiene óleos cedidos en el Museo López Villaseñor de Ciudad Real– y a estudiar y divulgar la obra del oriolano. Un dibujo a plumilla que adjunto y le llena de orgullo, cómo no, ha podido servir para una estampa de correos conmemorativa de los 75 años de la muerte de Miguel. Dibujo que le solicité para poder compartir con mis lectores.  En fin, dos afanes que han unido sus intenciones y se han concretado en el sello. Un orgullo que comparto. También es bloguero de pro. En Nuevo impulso, que así se llama su bitácora, da cuenta de la agitación cultural alicantina en donde no se priva de sostener opciones en su opinión crítica. También sé que es lector habitual de esta casa, donde espera..

      Digo todo lo anterior porque es el caso que en este 2017 preñado de hechos, la labor poética de Ramón Palmeral se ha concretado en dos publicaciones, una en enero, La cólera de Aquiles, y otra en mayo.  Con el primero, un largo poema épico dividido en 19 cantos, Ramón Palmeral, con una técnica que merodea el versículo y coquetea con la prosa, se baña en los mitos homéricos para atravesar el Mediterráneo, desde Troya a Tarsis, de Agamenón a Argantonio, con una sintaxis tan melancólica y trabada como audaz. Poesía épica llena de coraje, reivindicadora de los orígenes, buceadora en las genealogías  que buscan el Hades desde los amaneceres. Así comienza el canto dedicado a Heracles

Mi lazarillo me anuncia que el ocaso
tiene un cielo herido de luz
suspendida en sí misma,
en el ocaso se puede ver
la verdad en mi piel,
se trasluce el violeta de mis venas,
se puede cantar en mis carnes mis sueños y pesadillas.
El arte de la poesía es la única forma de vencer la vida,
instinto de magnificar el héroe…  

Apunte sobre Nicolás del Hierro
(Ramón Palmeral)
      El libro de mayo, Lágrimas ebrias de melancolía, es un recipiente donde se mezclan ansiedades, amores, esperanzas y desvelos. Hay en todo él una tensión vital que desborda el cuidado de las formas. A Ramón Palmeral le importa más el qué decir, la urgencia de decir, la voz interna de la conciencia en ascuas, que los límites que las formalidades imponen. Todo el libro es un desgarro con homenajes a aquellos que ha sido su norte: progenitores, compañera vital, amigos. Un libro de la voluntad de vida para la vida. Así escribe Ramón Palmeral en el poema con que recuerda a Nicolás del Hierro.

Quiero reencarnarme
en cigüeña y volar
por todos los campanarios de La Mancha
y tocar un réquiem de conjuro
entre las jaras,
cambrones
y los romeros tristes.

     Para él, para este manchego de nacimiento, andaluz de origen y alicantino de adopción, como se titula, y con enorme cariño, hay también un hueco en Mientras la luz. Casa grande que aún es.


miércoles, 7 de junio de 2017

Hilario Barrero, renacido y nocturno

Hilario Barrero y José Luis  Morante
tras la lectura, por la calle Segovia,
buscando un bar de cañas.
     
      Llamado por la tierra, por la poesía, por los editores… y en llamas. Así acude cada año, desde su particular y observado Brooklyn, Hilario Barrero a la meseta. Este blog sigue ha tiempo sus actividades, sus esperados diarios, sus ojos tras sus pasos, su hacer poético. En este viaje 2017 quedó para el final su lectura madrileña. Al día siguiente volvería a las costas de allá, de enfrente. Acompañado por José Luis Morante, voz señera de la crítica poética, acudió a la biblioteca Iván de Vargas –sitio a considerar– el miércoles 31 de mayo para presentar su antología a rayas. La de Renacimiento, ya saben. La rotulada Educación nocturna. Título tal vez elegido por resonancias del oficio, tal vez por otra cuestión. Algo que no se aclaró en la conversación con que Hilario y José Luis abrieron el acto. Dos buenos amigos, y amigos cómplices ambos de José Luis García Martín, autor de prólogo y edición. Hablaron de los resquicios por donde el aire de sus poemas circula. La trascendencia de lo cotidiano, lo transitivo entre el yo y los otros, lo biográfico, la circunstancia como semilla del poema, la ausencia de lecciones morales, la presencia del deseo como máquina. Todo eso iba yo anotando, no sé si con acierto. También de la mirada reflexiva que conoce la melancolía y la bordea. Hay en la poesía de Hilario una búsqueda identitaria sin agobios, sin ansias. Una indagación, en tentación sostenida, por lugares y personas.  Y es que la voluntad inquisitiva de saberse aparece como una corriente poderosa y pacífica, terca: no abandona, no deja de atravesar palabras y poros. Con ella vive reconciliado, y en combate con el tiempo y su amenaza. Voz que se concreta con afanes lejanos a lo experimental. La noté forjada en los manantiales del 50, en aquellos maestros a los que tantos debemos tanto. Voz que no logró desdibujar siquiera la tensa premura con que leyó los siete poemas elegidos. Sepan que él, Hilario, dibuja objetos y obsesiones. Y los reparte, bien de forma exenta, bien como detalle sugeridor en las publicaciones –plaquettes, revistas- con que su generosidad mantiene lazos, cultiva afectos. 
       Es un libro, este Educación nocturna, para lectores necesitados. Todo dice en él. Todo nos dice. En todo se nota origen y destino. Todo atiende a lo urgente, quiero decir al hombre v. la soledad. Todo en él explica por qué la poesía salva. Y escribir es devolver a la vida algo de sus dones. De sus miserias.

Léase este poema.   

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Geografía

En Barcelona fuimos una hoguera
aquel verano del setenta y uno
ardiendo sin llegar a la ceniza. 
Después vino una lluvia inadvertida
e inundó el cobertizo donde estaba la leña.

En Nueva York bajamos al abismo
y estuvimos a punto de ser carbonizados.
Crecieron unas sombras en la alcoba
insistiendo en mezclar su sangre con la nuestra,
pero nos protegimos con la muerte
que era todo lo que aún nos quedaba.

Anoche en Alexandria, junto a ti,
dominados por la dudosa satisfacción
del que llega a la meta, éramos dos rescoldos
caminando despacio hasta el hotel
para dormir en camas separadas
sabiendo que al crecer la luz primera
vendrías a mi lado a despertarme.

martes, 30 de mayo de 2017

El cuarto No Madrileños. Una celebración


     Qué bien lo que tan bien termina. Intensa fiesta de la poesía el jueves 25 de mayo en la sala Trovador. Completaba su círculo la convocatoria, cuarta de No Madrileños, con la que este humilde blog ha querido celebrar, por cuarta vez, su quinto aniversario.  


Del septentrión peninsular llegaron la coruñesa, afincada en Nueva York, Marta López Luaces y el zamorano de nación y leonés de residencia Tomás Sánchez Santiago. Dos poetas, dos voces tan sugerentes como distintas. Faltó la persona de José Luis Morales, convaleciente aún, pero no sus textos introductorios, que en esta ocasión se escucharon a través de la voz de Rafael Soler y Francisco Gª Marquina

Fueron, las de los poetas, lecturas amplias, generosas, al gusto habitual de este ciclo. Una sala repleta, con matizada luz, devolvía a los poetas la magia, la devoción. Mezcla de lenguas en el decir de Marta, algo que comienza a ser habitual, para una poesía en desvelo de modernidad, donde el desasosiego y el ansia de plenitud se mezclan, se alteran. Y la voz pausada y serena de Tomás para contar la proximidad de las cosas, de las gentes, y el amparo que supone conversar con ellas, caminar con ellas, saberse parte, y gozo, y celebración con ellas.  


       Fue un rotundo final para una aventura que iniciaron en abril de 2014 Federico Gallego Ripoll y Vicente Gallego; que en 2015 continuaron Basilio Sánchez y Mª Ángeles Pérez López, y el año recién pasado prolongaron Isabel Bono y Joaquín Pérez Azaústre. Ocho voces, ocho vientos que ahora se recogen en un libro: Cardinales, que verá su luz primera (no se lo pierdan) el viernes 2 de junio en la Feria del Libro de Madrid. Porque quede –también en papel- memoria de algo que tanto ha significado en la agitación poética madrileña.

La tarde terminó como acostumbran los asistentes, con tiempo para el abrazo alimenticio, para la caridad del vino y la excitación de las conversaciones. Todo ello antes de la animación que procuran amigos tan claros y habituales como David Morello, Carmen Bermejo, Luisa García Ochoa y Ana Bella López Biedma. . Tesoros que siempre acompañaron. Las fotos son del poeta José Luis Torrego.

Tan sólo por la existencia de estas cuatro celebraciones ha merecido escribir este blog, este Mientras la luz metido en dudas. Gracias a todos. Siempre.

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De Tomás Sánchez Santiago

ÁRBOLES

Tala general. Zamora. Margen izquierda del Duero.

Todo se lo han dejado hacer: nidos arriba, manchas obscenas y tachaduras sobre nombres ya aborrecidos.

Pasión silenciosa la de los árboles.
Pero hay un ritmo interior que nadie sabe. El juego ciego de las elaboraciones:
hojas, flores, vainas, frutos.

Y, luego, es que no se defienden. Se entregan a las usurpaciones como animales quietos.

¡Y que nada consiga defraudarlos…!

Caen sobre su entereza
manos, uñas, hachas, órdenes.

Pero no hay idioma en ellos que delate ese dolor de los arrancamientos.

Nadie, nadie sabe a qué suena la voz pasiva de los árboles.



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De Marta Lopez Luaces

NÓMADA

En las largas mesas del tiempo 
beben los cántaros de Dios.
Beben hasta el fondo los ojos
de los videntes y los ojos de
los ciegos, los corazones de las 
sombrasimperantes, la mejilla
de la tarde.
Paul Celan

Vengo de un pueblo condenado
a errar por tierras extrañas.
Tres días caminaron
a la sombra de Babel.
Heredo de ese tiempo           
un mapa y un cielo.

De mi raza
el rasgo de la ausencia me delata
y una certeza:

antes de la tormenta
de las sequías
de tu mirada
de mi orfandad
de aquellos fuegos
y antes de las sombras que les precedieron
había un antes
que la memoria me pide, rescate

Pero he llegado tarde
las lluvias han pasado
los ríos regresan a su cauce
se alzan las ciudades en el horizonte
y se me prohíbe la entrada

Aquí, a sus puertas
espero
la resurrección del recuerdo
del yo que era

Sus heraldos exigen que renuncie
      a mis nombres
       mi sangre
mi heredad
y que disfrace la voz
y  jure
por la fe de su idioma


(mi raza sigue en busca de la lengua
perdida
antes de la infancia).