jueves, 20 de abril de 2017

Un poema de Raúl Nieto de la Torre: Enséñame...

      

      Los poetas no viven en una ampolla de cristal. Digo algunos. Los poetas andan las rúas atropellados por multitudes. Y en otras ocasiones calles de par en par vacías. Hay poetas que buscan lo bienhechor de la soledad y la soledad se les aparece con las fauces abiertas. Hacen faltas zapatos apropiados para sendas sin guía. Los senderos que te arropan y los del viento helador. Lo digo por Raúl Nieto de la Torre, poeta que nos ha sorprendido con un libro tejido de hombre solo y de desconfianza, de ternura triste y débiles amparos. Un libro diferente al decir que acostumbraba. Hierro candente a la doma, selva que desbrozar. No suelen transitar por ahí los poetas espectáculo, eso que buscan construir sobre la paradoja y lo sobreentendido, sobre la complicidad de los socio-político o para el búcaro sospechoso de la emoción. Es difícil escribir desde el individuo tomado en armas por la soledad. Ese vaho agrio. He leído Leopardo, el poemario editado recién por Tigres de Papel. Y no hablo de un poema, aunque uno comparta, hablo del color, del bronce sin eco, de un voz que regresa a su origen apenas emitida. No es un libro escrito con las tripas. No hay contención, pero tampoco desborde. No es un desahogo. Es un libro para saberse sin disimulos, para hablarse sombra frente a sombra. Escrito por un poeta que sabe que la poesía existe porque ha conversado con ella. Y porque se juraron no traicionarse nunca.

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Enséñame a aprender lo muerto.
La vida es una piedra que se convierte en mariposa
o cae al suelo.
Enséñame a que no caigamos, a que no sea
la vida un cuerpo mudo en un pasillo.   

Pero has de saber
que la primera piedra
había salido de mi mano
antes de que llegáramos al mundo.    

jueves, 6 de abril de 2017

Consejo de redacción: abril y ¿qué hacer?


Ilustración de José Caballero para
 "Caballo verde para la poesía"
      

      Mis queridos – dijo el jefe con voz que presagiaba disturbio interior– la tribu vive asediada. Mientras estuvimos ocultos en el subte, nuestra invisibilidad nos protegía de pestes y alimañas, pero ha bastado que algunos de nosotros se hayan infiltrado por las alcantarillas de las pasarelas, o que otros hayan procurado hacerse notar alargando el cuello, para que acudan con colmillos a nuestros alrededores. Una plana del diario El Mundo, la que intentaba mostrar que la poesía sirve para el medro entre la jet, ha venido a levantar cien costras. Y ahora todos se atreven. Cursis o fracasados sin remedio son calificativos que se usan como astillas. ¿Debemos defendernos? ¿Contraatacar? ¿Volver a la caverna? ¿Hacernos el rajoy, quiero decir seguir como si no nos enteráramos?  Aquí sobre la mesa –y lo puso ante los ojos en miel de la becaria- les dejo este escrito firmado por Alejandro Zambra (chileno y novelista) que apesta a renegado de la causa. En un par de horas quiero otro, de similar extensión, que organice una respuesta coherente. A las armas. Punto por punto.

Contra los poetas

"A los veinte años ya acumulan experiencias importantes: han publicado poemas en revistas y antologías, han participado en talleres, han escrito artículos para anuarios escolares y quizá han concedido una o dos precoces entrevistas. Ya tienen listos sus primeros libros, que están a punto de aparecer en editoriales emergentes. Son libros muy malos, pero por ahora eso no importa. Sus poemas son largos y sentenciosos, abusan de los gerundios, de los signos de exclamación y de los puntos suspensivos. Leen a Vicente Huidobro, a Delmira Agustini y a Oliverio Girondo, pero sobre todo se leen los unos a los otros, en interminables sesiones sólo a veces amistosas.

A los veinticinco años ya han renegado de esos primeros poemas, que consideran lejanos pecados de juventud. Esperan encontrar pronto la madurez como poetas, que a ellos les importa mucho más que la madurez como personas. El segundo libro cumple con creces el objetivo: no es bueno, pero indudablemente es mejor que el primero. Dicen estar todavía buscando una voz propia y mientras tanto planean antologías que incluyen a todo el grupo, pero nadie quiere escribir el prólogo, pues nadie desea correr el riesgo de convertirse en crítico literario.

A los treinta años ya han sufrido varios desengaños. Han sido incluidos en antologías nacionales y latinoamericanas, pero han sido excluidos de otras tantas publicaciones y les cuesta muchísimo aceptarlo. Por momentos escriben solamente para demostrar cuán arbitrarias han sido esas exclusiones. Han publicado, a esta altura, tres libros de poesía. Han fundado dos editoriales y cuatro revistas literarias. En sus reseñas biográficas se afirma que han participado en más de trece –en catorce– encuentros de poetas y que sus libros han sido parcialmente traducidos al italiano. En realidad les han traducido solamente un poema, pero da lo mismo: los han traducido, eso ya es mérito suficiente.

Recién a los treinta y cinco años comienzan a incomodarse cuando los presentan como poetas jóvenes. Ahora dictan talleres en los que aconsejan a sus alumnos que eviten los gerundios, que cuiden los adjetivos, que declaren la guerra a los puntos suspensivos y a los signos de exclamación. Les inculcan la suprema libertad creadora, pero les prohíben una lista bastante larga de palabras: vacío, angustia, desolación, desesperación, crepúsculo, ocaso, alma, espíritu, corazón, vagina. Les hablan de melopoeia, de fanopoeia y de logopoeia, pero se enredan un poco en la explicación. Se enamoran de poetas de dieciséis años y las comparan con Alejandra Pizarnik, pero nunca han visto una foto de Alejandra Pizarnik.

A los cuarenta años a nadie se le ocurre presentarlos como poetas jóvenes, pues sus caras y sus barrigas han cambiado de forma tal vez irreversible. Los poetas experimentan con mayor sufrimiento que el común de la gente la llamada crisis de los cuarenta. No decidieron ser poetas para tener cuarenta años. De ahora en adelante todo será decadencia. Se han vuelto inofensivos. Es más fácil incluirlos, pedirles prólogos, invitarlos a los recitales y aplaudirlos sin énfasis, respetuosamente. Son, en otras palabras, verdaderos fracasados.

Para que el fracaso se cumpla es necesario que reciban, de vez en cuando, señales equívocas. A los cincuenta, a los sesenta, a los setenta años los poetas ganarán dos o tres premios menores; tímidos estudiantes de pregrado y quizás alguna bella doctora norteamericana analizarán sus libros, que tal vez serán traducidos al francés, al alemán, al griego o al menos al argentino. Por lo demás, siempre habrá alguna editorial emergente interesada en rescatarlos del olvido.
Da lástima verlos junto al teléfono, esperando la noticia de un premio, de una pensión del gobierno, de un homenaje, de un viajecito al sur, lo que sea. Parecen niños asustados, y en el fondo eso son: niños asustados, adolescentes ya muy viejos para suicidarse. A veces algún reportero compasivo les pregunta para qué sirve la poesía en este mundo deshumanizado y consumista. Ellos suspiran y responden lo que han respondido siempre: que sólo la poesía salvará al mundo, que hay que buscar, en medio de la confusión, palabras verdaderas y aferrarse a ellas. Lo dicen sin fe, rutinariamente, pero tienen toda la razón."


domingo, 2 de abril de 2017

Inédito de Rafael Soler

Gamonada y Soler / enero y Granada (Nicaragua)
Foto::LC


      Sin duda es nuestro hombre en América. Del año pasado en el Festival de Lima, se trajo abrillantado el tono a lo Vallejo, que ya poseía, de la deslocalización cubista en el poema. Este año y junto a Gamoneda, enero en Nicaragua, la luz añeja del Flor de Caña y los voceos en púlpito por las esquinas de Granada. Febrero fue San Cruz, Bolivia y altiplanicie, a donde acudió reclamado. Y fue recoger del empedrado el pavor cochabambino de Blanca Gárnica, la gran voz boliviana. Ahora, me dicen en Iberia, se halla en Quito, otra vez con Gamoneda.. Poeta doble, agente, nuestro hombre en América. Y feliz porque aquí en Madrid, ha recuperado –qué enorme inversión­– su asiento en El Comercial. Reabierto nuevo, mejor y auténtico. Dicen que el avión es para él una mesa de escritorio. Dice, me dice, que allí surgió este poema de versos comensales, aristas cómplices y brisa irónica con que ha querido avisar de lo que pasa a Mientras la luz. Con él iniciamos una nueva sección, la de inéditos. Disfrútenlo. 
   
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Cuanto anoche callé al derramar el vino

La poesía ha de ser contemplativa
una suerte de búsqueda discreta
en el corazón del tiempo
allí donde reposa la verdad

eso dije antes del brindis
con entonación alta costura
para embeleso del maitre
que a tu derecha
asentía bivalvo con sus pinzas

permiso
fue tu única respuesta al levantarte
guardando en el bolso
los cubiertos del pescado

tan liviana
que al alcanzar la puerta
estabas ya en nuestro año favorito

mil novecientos sesenta y seis
descalzos frente al mar en Pepe Mero

y esa brisa bienvenida
que ahora levanta con furia
el bisoñé del comensal vecino
nuestro mantel y sus esquinas

platos al aire desolación del piso
estrépito y ajuar por la ventana

¿la poesía otra vez?
sale el chef de su escondite

¡otra vez!
resopla en su perchero el maître
la poesía asiento yo
contemplando el asiento vacío
de tu asiento.